España
Aniversario de nuestra Constitución. Por el Coronel Efrén Díaz Casal
El pasado viernes 6 de diciembre se celebró en el Congreso de los Diputados el 46 aniversario de nuestra Constitución con la asistencia de los representantes de los tres poderes del Estado y personalidades de los distintos ámbitos de la vida nacional a excepción de los renegados secesionistas y de la ácrata vicepresidenta segunda y Ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.
En principio llama la atención la sonrisa hipócrita de los concurrentes en los saludos que se dedicaban, máscara del odio que se profesan que es del dominio público.
Los representantes de los grupos políticos con representación parlamentaria hicieron uso de la palabra para celebrar el aniversario abriendo el turno de la palabra Francisco Javier Ortega Smith-Molina en representación de VOX que elogió la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles que proclama el Artículo 2 del texto constitucional.
A continuación, Ione Belarra Urteaga en representación de Podemos, manifestó que la Constitución está muerta y que hay que aprobar otra que reconozca la república como forma política del Estado español.
Los comentaristas televisivos apostillaron negativamente la disertación del representante de VOX guardando silencio ante la perorata de la representante de Podemos, lo que revela un coeficiente intelectual bajo mínimos.
En representación de los barones del PP hizo uso de la palabra Alfonso Fernández Mañueco que exaltó la cohesión territorial de España, la concordia, la libertad y la igualdad que, según dijo, proclama la Constitución: este menda debe vivir en un país imaginario.
En su turno de palabra, Pedro Sánchez dijo que España está viviendo uno de sus mejores momentos de la Historia Contemporánea, exaltando el marco de convivencia constitucional, que en las próximas elecciones generales los españoles nos vamos a encontrar con una España aún mejor que la de hoy, que todos los territorios de España están cumpliendo la Constitución. Hasta aquí, Alicia en el país de las maravillas, después con su anuncio de que va a reformar la Constitución viene la alarma que pone el pelo de punta.
Alberto Núñez Feijóo, escoltado por su corte de aduladores afirmó que el PP es un partido constitucionalista, que en España nadie es más que nadie, que se compromete a cumplir y hacer cumplir la Constitución.
En resumen, los españoles no hemos ganado nada con esta sátira en la que ninguno de sus protagonistas dice la verdad practicando la táctica del “y tú más”.
Por añadidura, Alberto Núñez Feijóo demuestra con su perorata que miente como un bellaco pues desde el 2 de abril de 2022, fecha desde la que Alberto Núñez Feijóo preside el PP, le he enviado numerosos escritos solicitándole que requiera a los alcaldes del partido para que tramiten los actos religiosos en la vía pública de acuerdo con lo dispuesto en el Artículo 21. 1 de nuestra vigente Constitución que dispone “Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa” y la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, cuyo Artículo octavo establece que “La celebración de reuniones en lugares de tránsito público y de manifestaciones deberán ser comunicadas por escrito a la autoridad gubernativa correspondiente por los organizadores o promotores de aquéllas…”
Por cuanto antecede apuesto que Alberto Núñez Feijóo, a partir de ahora, respetará y hará respetar la Constitución y la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública, requiriendo a los alcaldes del PP para tal fin recuperando la libertad para poder censurar a su principal adversario político al actuar de forma distinta en el asunto en cuestión.
En cuanto a los simpatizantes y militantes del Partido Popular que conserven la facultad de discurrir, ruego su intervención para que su presidente respete y haga respetar las mencionadas disposiciones evitando el ridículo internacional con los consiguientes efectos económicos negativos que supone el hecho de que sus ayuntamientos vulneren la Constitución que Feijóo y sus alcaldes han jurado, y el rechazo nacional.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
