España
Ante la exhumación del Caudillo
Roberto Centeno.- Como afirma el más prestigioso historiador de las guerras modernas el inglés Antony Beevor (1): “la guerra civil española es uno de los pocos conflictos mundiales cuya historia la han escrito con mayor eficacia y mendacidad los perdedores que los vencedores. Las generaciones más jóvenes no pueden ni imaginar como era la vida en España desde Febrero de 1936”. En esa fecha, un Frente Popular formado por totalitarios socialistas, comunistas y anarquistas y por separatistas golpistas, se hicieron con el poder a través de unas elecciones fraudulentas, y de inmediato desataron una ola de violencia, quema de iglesias y asesinatos de quienes no pensaban como ellos y paralizando la economía del país.
“El Socialista”, el periódico de mayor influencia escribiría: “estamos decididos a hacer en España lo mismo que se ha hecho en Rusia, y en cuanto hayamos fortalecido nuestras posiciones debemos ir mas allá”. “Ir mas allá ( Beevor) significaba que la eliminación de los rivales políticos tenía la máxima prioridad desde el principio”. El estalinista Largo Caballero era muy claro al respecto, “la revolución que queremos solo puede obtenerse por medio de la violencia”. Lógicamente, la media España que totalitarios y separatistas querían someter y aplastar iba a resistirse a morir. A partir de marzo, un grupo de militares y civiles encabezados por el general Mola comienza a preparar un “movimiento nacional que evite la ruina y la desmembración de la Patria, que solo se desencadenará en caso de que la circunstancias lo hagan absolutamente necesario” (Salas Larrazábal).
El 12 de julio la policía republicana asesina al líder de la derecha José Calvo Sotelo, y el Gobierno en lugar de arrestar a los responsables detiene a la gente de derechas. Franco, que hasta ese momento se habría mostrado contrario al alzamiento con gran irritación de los conjurados, decide unirse a él. “El gobierno de Madrid ha caído en manos de unos pistoleros”, clamaría D. Miguel de Unamuno desde Salamanca, y uno de los padres intelectuales de la República. El levantamiento del 18 de Julio, no se realizó contra un gobierno legítimo como pretenden socialistas, comunistas y separatistas, sino contra un desgobierno revolucionario, decidido a acabar con la media España que no pensaba como ellos.
Estos hechos exhaustivamente investigados y estudiados durante mas de 70 años, están hoy fuera de toda duda razonable, excepto para el nuevo Frente Popular articulado alrededor de un botarate guerra civilista Pedro Sánchez un apóstol de la mentira y del odio, dispuesto a reabrir las trincheras de 1.936 y enfrentar a media España contra la otra media, imponiendo la perversa visión del Frente Popular. Y para empezar este miserable al que solo han apoyado el 15% de los españoles con derecho a voto, ha decidido exhumar los restos del general Franco, que consiguió contra todo pronóstico la victoria del alzamiento, tanto que Prieto visto lo extraordinariamente ventajoso del Gobierno en hombres y en medios, exclamaría: “Podría ascender hasta la esfera de lo legendario el valor de quienes se han alzado en armas contra la República, y aún así inevitablemente, inexorablemente, serían fatalmente vencidos”. No conocía a Franco.
Pero Franco hizo más, muchísimo mas, sacó a España de su pobreza secular y creó una poderosa clase media, que la chusma política actual está destruyendo. En 1975 había situado a España como la octava potencia económica mundial, hoy la oligarquía política la ha hundido al puesto 16; la renta per cápita relativa a los 9 países que constituían la entonces la CEE llegó en 1.975 a su máximo histórico el 83% de la media de estos nueve países, hoy se ha hundido hasta el 71%; la industria era el 36 % del PIB hasta que los socialistas la destruyeron en 1986 con la llamada “reconversión industrial”, y hoy es el 14% del PIB, y es que la casta política ha convertido España en un país de enchufados públicos, especuladores y camareros; Franco borró del mapa la palabra paro y hoy tenemos el segundo mayor de Europa; la enseñanza pública era la tercera mejor de Europa, hoy es una de las últimas; los hijos vivían no mejor sino mucho mejor que sus padres, hoy por primera vez en siglos viven peor, y lo malo está por llegar; la deuda pública era cero, hoy es el 133% del PIB, lo que será la ruina de las generaciones futuras, etc.
El que el pueblo español permita impasible, que unos indocumentados, miserables y guerra civilistas exhumen los restos de Franco del sitio que le corresponde por mérito propio, significa que este pueblo está perdido. Les van a aplastar a impuestos, nos van a inundar de inmigrantes musulmanes que quieren destruir nuestros valores y nuestra cultura, porque este cobarde de Sánchez que acaba de hacer el ridículo más absoluto en Europa como el chico de los recados de Merkel y Macron – ese “chico nuevo” le llamaría Juncker, Presidente de la Comisión Europea – ha aceptado convertir nuestra Patria en el gran campo de refugiados de Europa, ya que Alemania nos va a devolver los suyos. Una ignominia tan increíble y tan brutal, que no tiene precedentes en la historia. Y es este miserable quien ha decidido exhumar los restos del general Franco.Y luego a la chusma de Podemos que quiere destruir España le ha ofrecido el control de los medios. Va a poner al frente de RTVE a un indocumentado que se oponía al 155, que odia a España, que es un estalinista totalitario y que insulta al Rey y elogia al nazi Torra y sus secuaces. En ningún país civilizado se ha visto nada parecido. Podemos exige también el control total de la Agencia EFE que es la principal agencia de noticias de España, cuyas noticias se difunden de forma automática en casi todos los medios de España, igual que Goebbels en la Alemania Nazi, y además el control de la Empresas Públicas por una chusma que sería incapaz de dirigir un puesto de pipas. Y el pueblo español sin reaccionar.
Pero aún es peor, al igual que en Febrero de 1936, el gobierno socialista decidió ignorar la Ley y la Constitución Republicana para garantizarse el apoyo de separatistas, anarquistas y comunistas, que como he explicado al principio llevaron la nación al caos y, como no podía ser de otra manera, nos metieron en la guerra civil, este miserable guerra civilista y felón, esta dispuesto a vulnerar la legalidad y la Constitución para excarcelar a los golpistas catalanes y pactar la ruptura de España con los nazis de la Generalitat y los traidores del PNV.
Decía Martin Niemöllert: “primero vinieron a por los comunistas, pero como yo no era comunista, no me importó; luego vinieron a por los judíos, pero como yo no era judío no me importó; y luego vinieron a por mi, pero entonces ya era demasiado tarde”. Hoy estos canallas frente populistas desentierran a Franco, y ustedes se callan; mañana aceptan oleadas de inmigrantes que arruinarán, su vida su cultura y su modo de vida, y ustedes se callan; mañana pactan con separatistas y terroristas la ruptura de España, y ustedes se callan; mañana habrán aniquilado política y económicamente España, destruyendo sus vidas y su futuro y las vidas y el futuro de sus hijos, y para entonces será demasiado tarde.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
