Internacional
Aparecen fotografías de Bill Clinton abusando sexualmente de una joven víctima de la red de tráfico humano de Jeffrey Epstein
Por Mamela Fiallo Flor.- Los escándalos sexuales del expresidente de EE. UU., Bill Clinton, no se limitan a su episodio en la Casa Blanca con su secretaria Mónica Lewinsky. El mismo día que ofrecerá un discurso en apoyo al candidato presidencial del Partido Demócrata, Joe Biden, salieron a luz fotos de Clinton recibiendo masajes de una joven víctima de la red de tráfico humano del magnate Jeffrey Epstein.
Bill Clinton era presidente de la nación en el momento que apareció fotografiado junto a la joven masajista, Chauntae Davies, de 22 años. Por recomendación de Ghislaine Maxwell, la madame (proxeneta) de Epstein, Clinton le pidió a la joven que le hiciera masajes. Es ahora cuando la noticia ha saltado a primera línea informativa.
Según el testimonio de la entonces joven, ahora una mujer de más de 40 años, Clinton fue un caballero con ella. No obstante, Epstein sí la violó en más de una ocasión y se sorprendió al ver al entonces presidente a bordo del avión de Epstein, donde a ella le hicieron vestirse como azafata para «lucir profesional». Epstein fue acusado de usar su avión privado para transportar niñas menores de edad a sus diversas casas de lujo en Nueva York, Palm Beach, Nuevo México e incluso París. En el jet también viajaban dignatarios estadounidenses y figuras ricas y poderosas.
El viaje que aparece en las recientes fotografías fue rumbo a África en septiembre de 2002, como parte de un proyecto de la fundación de Clinton para crear conciencia sobre la pobreza y la crisis del SIDA en el continente. Clinton y Ghislaine fueron fotografiados posando juntos mientras subían al avión de Epstein. También actores como Kevin Spacey (también acusado de abuso sexual, pero contra un varón) y Chris Tucker se sumaron al viaje para visitar Ghana, Nigeria, Ruanda, Mozambique y Sudáfrica durante el viaje humanitario de cinco días.
Es decir, los viajes en ese avión pueden comprometer no solo a la cúpula política, sino también a la élite de Hollywood.
El expresidente Clinton aparece en imágenes a bordo del vuelo al continente africano jugando cartas y fumando un habano. Y no fue la única vez, el jueves 30 de julio del presente año un tribunal de Nueva York publicó documentos históricos del juicio contra Ghislaine Maxwell. En los documentos, una víctima de Epstein, Virginia Giuffre (Roberts), dice que el expresidente de Estados Unidos visitó la isla privada del magnate en el Caribe, conocida como la «isla de las orgías».
Durante el interrogatorio, la víctima explicó que cuando le preguntó a Epstein qué hacía allí el presidente de la nación, le respondió que Clinton le debía favores. Pero nunca dijo qué favores eran. «Hace mucho tiempo que me dijo que todos le deben favores. Están todos en el bolsillo del otro», concluyó.
Vale señalar que todo este sucedió mientras Bill Clinton seguía casado con Hillary, quien fue secretaria de Estado bajo Barack Obama y candidata a la presidencia de la nación contra Donald Trump en el 2016.
En medio del escándalo, el expresidente todavía aparecerá hablando frente a los votantes demócratas en defensa del candidato presidencial Joe Biden, quien tiene en su contra también acusaciones de abuso sexual.
Pese a las acusaciones en contra de Biden, el movimiento #MeToo, una agrupación feminista que nació para enfrentar el abuso sexual, declaró que si bien le cree a la víctima del candidato demócrata (su secretaria cuando fue senador), declaró que el objetivo principal de la organización es derrotar a Donald Trump en las urnas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
