Sociedad
«Aragón, camino de nada», vigésimo quinto libro de nuestro colaborador Ramiro Grau
Nuestro colaborador Ramiro Grau Morancho ha publicado su vigésimo quinto libro, titulado “Aragón, camino de nada”.
A lo largo de casi un centenar y medio de páginas, recopila cuarenta y un artículos publicados previamente en la prensa y diarios digitales, sobre temática aragonesa, su tierra natal.
Son artículos críticos, ácidos, mordaces, que expresan su descontento ante el mal funcionamiento del gobierno autonómico, la escasa o nula importancia de Aragón en el contexto nacional, el abandono del medio rural, con la desaparición de ayuntamientos, pueblos y aldeas, etc.
Esta es la segunda edición, exclusivamente en soporte papel, ya que fue publicado por primera vez en diciembre de 2015, en edición digital, también por Amazon.
Critica el desgobierno y despilfarro autonómico, con artículos cómo “La DGA malversa nuestro dinero”, “El costoso Parlamento y el Justicia de Aragón”, o “El ruinoso grupo de empresas públicas aragonesas”.
Dedica especial atención al PAR, al que califica de “partido inmobiliario”, y del que dice en otro de sus artículos que “El PAR se vende…, una vez más”, o que ya es únicamente “El partido turolense”.
No se olvida de su anterior presidente, del que dice que “Biel (es) el último dinosaurio de Teruel”, o de “Marcelino Iglesias, el listo”. Dice que en Aragón “No hay mal que por Biel no venga”.
Especial atención dedica a la Universidad de Zaragoza, cuándo habla de “Universidades de tercera”, “El problema del Hijab en las universidades españolas”, o “Profesores Eméritos en la Universidad de Zaragoza: navajazos como despedida”.
No olvida reconocer y recordar a personalidades que nos han precedido en la lucha por un Aragón y una España mejor: “Don Juan Lacasa Lacasa, aragonés ejemplar”, o “Mosén don Luis Lasheras Ballarín, Sacerdote in eternum, en el recuerdo”.
En definitiva, un libro claro y contundente, como todos los escritos de nuestro colaborador y amigo.
El libro se distribuye exclusivamente por Amazon, y su precio de venta al público es de 9,99 euros.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
