España
Argimiro Santos, exdirigente de Vox: «Si Juan Jara fuera digno estaría defendiendo a España y no al servicio de Risto Mejide vertiendo mierda a la derecha»
«Mientras el presidente en funciones negocia el Gobierno de España con los que quieren romperla, Juan Jara le hace el juego a la izquierda convirtiendo unos pequeños incidentes en una asamblea de Vox en el gran asunto nacional. Si Juan Jara fuera una persona digna, estaría defendiendo a España y no al servicio de Risto Mejide vertiendo mierda a la derecha para blanquear a la izquierda».
Son manifestaciones hechas hoy por el ex número dos de Vox en León, Argimiro Santos, contra el exvicepresidente primero del partido verde, el sevillano Juan Jara. Se refiere el leonés a la presencia estos días del ex mandatario de Vox en el programa de Cuatro «Todo es mentira», que desvergonzadamente ha convertido la trifulca en una asamblea de Vox en el principal escándalo de la vida española.
«Debería darle vergüenza a Jara. Primero por dejarse utilizar para que se hable de Vox y no de la descomposición del Estado. A Juan Jara no le escandalizan las negociaciones del PSOE con ERC; o que la portavoz del PP en Bilbao brinde con los herederos políticos de ETA; o que la desmembración de España esté cada vez más cerca. A este señor lo que le quita el sueño son unos leves incidentes acontecidos hace tres años y en los que él tomó parte. ¡Hay que tener cara! Y lo peor es que se preste al objetivo de tapar los gravísimos acontecimientos que están teniendo lugar en España. Al parecer, una disputa verbal en una reunión de partido compromete más el futuro de España que poner su futuro en manos de Oriol Junqueras. ¡Qué poca vergüenza! Este señor está consumido por el rencor y el odio. Tiene de patriota lo que yo de señorito andaluz».
Nuestro interlocutor también descalificó al grupo Movimiento po España, del que Lara forma parte. «Deberían llamarse Resentidos contra Vox, poque si a estos granujas peperos les importara España, no les harían el juego a Risto Mejide para que no se hable de los temas que comprometen el futuro de España». «Hay que ser muy mala persona para colaborar en la amplificación de unos hechos absolutamente insignificantes en comparación con el drama que se cierne sobre España», agregó.
Los mencionados incidentes tuvieron lugar durante una asamblea del partido verde celebrada en septiembre de 2016 y que están siendo revividos estos días por la mafia progresista.
Santos participó en aquella asamblea en representación del sector crítico a la lista oficial de Vox. «Hubo una trifulca cuando se nos negó el derecho a la palabra. Ortega Smith trató de mediar y recibió una patada en los huevos de Juan Jara (entonces vicepresidente primero). Ortega Smith no agredió a nadie en ningún momento; él fue el agredido», señaló. «Incluso Juan Jara se jactaba de haberle dado una patada en los huevos a Smith», manifestó durante unas recientes declaraciones en el programa ‘Alt News’, de Radio Cadena Española.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
