España
Arrimadas afirma que Torra no puede ser presidente y exige iniciar los trámites para otra investidura
La portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Inés Arrimadas, ha subrayado hoy que Quim Torra no puede seguir como presidente de la Generalitat de Cataluña tras su inhabilitación y ha exigido al presidente del Parlament, Roger Torrent, que inicie los trámites para otra investidura.
Arrimadas ha reaccionado así después de que la Junta Electoral Provincial (JEP) de Barcelona declarar vacante el escaño de Torra como diputado del Parlament, en cumplimiento de lo dispuesto por la Junta Electoral Central (JEC), que la semana pasada decidió inhabilitarle como diputado de la Cámara por negarse a retirar una pancarta con un lazo amarillo del Palau de la Generalitat durante el periodo electoral.
«Ciudadanos denunció a Torra por usar las instituciones públicas para exhibir propaganda separatista. La Justicia le ha condenado y ha perdido el escaño. Es un exdiputado y no puede ser presidente», ha escrito en un mensaje en su cuenta personal de Twitter.
En esta línea, la portavoz de la formación naranja ha exigido al presidente del Parlament que acate «de inmediato» esta decisión e inicie «ya» los trámites para otra investidura.
Tras la resolución del Supremo, Torra ya ha reiterado en una declaración institucional que rechaza su inhabilitación, y ha reivindicado que es «diputado del Parlament y presidente de Cataluña», ya que considera que la Cámara catalana es el único que puede decidir quién pierde la condición de diputado a través de los mecanismos previstos en su reglamento.
También ha comparecido el presidente del Parlament, Roger Torrent, que ha sostenido que la JEC no es competente para inhabilitar como diputado al jefe del Ejecutivo, que continúa siendo «diputado de pleno derecho», porque no se cumplen los supuestos que prevé el Reglamento del Parlament para que deje de serlo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
