Sociedad
Arrimadas se burla de Adriana Lastra cuestionando su currículum: «Si no fuera por Sánchez, no llegaría a fin de mes»
La portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Inés Arrimadas, ha tratado de ridiculizar a la portavoz socialista, Adriana Lastra, este domingo en el hemiciclo al mostrar un cartel con el que ha insinuado que la única experiencia laboral que figura en su currículum es como política del PSOE. En su intervención durante la segunda jornada del debate de investidura en la Cámara Baja, Lastra ha criticado a Arrimadas por haber instado a los diputados socialistas a no apoyar con sus votos al candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, si rechazan sus pactos con Unidas Podemos, ERC y el PNV.
Arrimadas ha exhibido el mismo cartel en otros momentos de la intervención de Lastra, desatando las protestas en las filas socialistas. Según ha relatado en Twitter el diputado del PP Tomás Cabezón, el dirigente del PSOE Santos Cedrán ha llegado a causar a Arrimadas de tener «cero cerebro». «¡Que vergüenza! –ha señalado el parlamentario ‘popular’–. A este señor alguien le tendrá que decir algo».
Arrimadas ha exhibido el mismo cartel en otros momentos de la intervención de Lastra, desatando las protestas en las filas socialistas. Según ha relatado en Twitter el diputado del PP Tomás Cabezón, el dirigente del PSOE Santos Cedrán ha llegado a causar a Arrimadas de tener «cero cerebro». «¡Que vergüenza! –ha señalado el parlamentario ‘popular’–. A este señor alguien le tendrá que decir algo».
En su opinión, la portavoz socialista «llega muy bien a fin de mes con sus más de 6.000 euros limpios al mes», pero «si no fuera por Sánchez seguro que no llegaría a fin de mes». Es la misma idea que ha explicado la propia Arrimadas cuando, al finalizar el debate, los periodistas le han preguntado qué quería decir con el cartel. Tras recalcar que Lastra «no ha parado de ofender e insultar» a los representantes de Cs y a todos los que no apoyan la investidura de Sánchez, ha indicado que la portavoz socialista «no puede ser muy libre» a la hora de decidir porque «en su currículum no hay ni una sola experiencia laboral».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
