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Así era Gianna, la hija de Kobe Bryant que heredó el talento de su padre
La trágica muerte de Kobe Bryant se hizo aún más dolorosa al conocer que junto a él viajaba también su hija Gianna Maria-Onore, de solo 13 años. Gigi, como era apodada de forma cariñosa por su familia, era la segunda hija del matrimonio formado por Kobe y Vanessa Laine, y también la más deportista.
Nacida el 1 de mayo de 2006, Gianna jugaba al baloncesto en las Mamba Ballers de la Mamba Academy, propiedad de su padre. Allí se dirigía el helicóptero siniestrado en la mañana del domingo. Gigi era considerada un gran talento. Buena en los lanzamientos y con una capacidad de dribbling asombrosa para su edad. Era, sin duda, una digna heredera de su padre. Natalia (17 años), la mayor, parecía estar más interesada en el voleibol. De Bianka (3 años) y Capri (apenas unos meses de edad) aún no se adivinaban cualidades. Todas ellas recibieron nombres inspirados en la infancia italiana que vivió Bryant.
En sus redes sociales abundaban las fotografías relacionadas con el baloncesto. En muchas de ellas aparece viendo algún partido en la grada, siempre junto a su padre. Ambos eran inseparables en asuntos deportivos. Ella misma se apodaba «Mambacita», como homenaje al apodo que recibió Kobe durante su carrera, «la Mamba negra».
«Muchos aficionados me decían que debía tener un chico para mantener mi legado», explicaba Bryant en una entrevista el pasado 2018. «Cuando eso pasa ella me coge y me dice: ‘no te preocupes, yo me encargaré de eso’».
«Lo que me gusta de Gigi es su curiosidad por el baloncesto, está interesada en todo», decía el cinco veces campeón de la NBA a Los Angeles Times el pasado mes de octubre. «En situaciones complejas durante un partido, tiene esta rara habilidad de analizar lo que está sucediendo y saber hacer lo correcto».
Kobe tenía decidido apartarse del mundo de baloncesto después de su retirada, pero la pasión de su hija le mantuvo cerca de los Lakers y de las canchas.
Gianna soñaba con jugar algún día con el equipo de la Universidad de Connecticut, una de las más prestigiosas de la DI Women’s, la liga universitaria americana, y con un futuro también en la WNBA.
Su padrino Rob Pelinka, ex agente de Kobe y gerente general de los Lakers, le había presentado a estrellas y entrenadores en el baloncesto femenino.
Más que su ilustre apellido y ascendencia, fueron sus aptitudes en el parquet lo que llamó la atención, en particular del entrenador del equipo de Los Angeles Sparks, la franquicia de baloncesto femenino con sede en Los Ángeles. «Tienen la misma forma de hacer las cosas y la misma personalidad», dijo Derek Fisher, ex compañero de equipo de Bryant en los Lakers.
«Es un privilegio verla jugar y ver cómo se mueve en la cancha. También lgunas de sus expresiones… Es una locura ver cómo funciona la genética», contaba entre risas Kobe Bryant sobre Gianna, una joven vida truncada, y también un prometedor talento para el baloncesto perdido.
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Las ciudades incorporan zonas deportivas abiertas para reducir el sedentarismo urbano
Los espacios públicos están adquiriendo un papel cada vez más activo dentro de las políticas municipales relacionadas con salud y bienestar. En muchos municipios, la instalación de áreas deportivas abiertas forma parte de estrategias destinadas a fomentar hábitos saludables sin depender exclusivamente de instalaciones cerradas o de pago.
El crecimiento de estas zonas responde a una realidad evidente: gran parte de la población pasa demasiadas horas sentada y encuentra dificultades para incorporar actividad física a la rutina diaria. La posibilidad de entrenar en parques o paseos urbanos facilita un acceso más directo y espontáneo al ejercicio.
El entrenamiento al aire libre gana usuarios de todas las edades
Lo que empezó como una iniciativa orientada principalmente a personas mayores o circuitos básicos de movilidad ha evolucionado hacia espacios mucho más completos. Actualmente, jóvenes, adultos y usuarios habituales de gimnasios utilizan estas instalaciones como complemento o alternativa a centros deportivos tradicionales.
Los aparatos para gimnasios en exterior se diseñan cada vez con mayor variedad de usos, incorporando ejercicios de fuerza, resistencia y movilidad dentro de un mismo recorrido. Esto permite adaptar el entrenamiento a distintos niveles físicos sin necesidad de grandes infraestructuras.
Además, muchas zonas deportivas urbanas se integran en parques o áreas verdes, favoreciendo una experiencia más abierta y menos condicionada por horarios.
Materiales preparados para uso intensivo y condiciones climáticas
Uno de los principales retos en este tipo de instalaciones es garantizar su durabilidad. El uso constante y la exposición a lluvia, humedad o altas temperaturas obligan a trabajar con materiales especialmente resistentes.
Las máquinas de gimnasio al aire libre actuales incorporan tratamientos anticorrosión, estructuras reforzadas y sistemas que requieren poco mantenimiento. Los municipios buscan soluciones capaces de mantenerse operativas durante años sin deteriorarse rápidamente.
La resistencia del equipamiento se ha convertido en un aspecto prioritario, especialmente en ciudades costeras o zonas con gran afluencia de usuarios.
Espacios deportivos integrados en la vida cotidiana
Otro de los factores que explica el crecimiento de estas instalaciones es su facilidad de acceso. Al estar ubicadas en espacios públicos, permiten realizar actividad física sin necesidad de desplazamientos específicos ni cuotas mensuales.
Muchas personas incorporan estos espacios a sus rutinas diarias aprovechando paseos, trayectos habituales o momentos de ocio al aire libre. Esto favorece una práctica más espontánea y constante del ejercicio.
Los aparatos para gimnasios de exteriores empiezan así a formar parte del paisaje urbano cotidiano en numerosos municipios.
Nuevos diseños para fomentar la interacción y el uso compartido
Las áreas deportivas abiertas también están cambiando en su diseño. Ya no se plantean únicamente como zonas individuales de entrenamiento, sino como espacios donde conviven distintas actividades y perfiles de usuario.
Circuitos funcionales, zonas de calistenia y áreas de estiramiento se combinan con bancos, recorridos peatonales y espacios verdes para generar entornos más dinámicos. El objetivo es favorecer tanto la actividad física como la interacción social.
Esta combinación contribuye a aumentar el uso continuado de los espacios públicos.
El urbanismo incorpora la actividad física como elemento estructural
La expansión de las máquinas de gimnasio al aire libre refleja un cambio más amplio en la planificación urbana. Las ciudades comienzan a integrar la actividad física dentro del diseño cotidiano de calles, parques y zonas comunes.
El ejercicio deja de entenderse como algo reservado exclusivamente a instalaciones deportivas cerradas y pasa a ocupar un lugar visible dentro del espacio público. Este enfoque busca crear entornos más activos y accesibles para distintos perfiles de población.
La tendencia apunta hacia ciudades donde deporte, ocio y vida urbana conviven de forma mucho más natural dentro del mismo entorno.
