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(AUDIO) El programa de radio ‘Buenos días España’ advierte que vamos camino a una sociedad orwelliana: «El Gobierno utiliza el virus para acabar con nuestra libertad»

Redacción

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WhatsApp, empresa de mensajería propiedad de Facebook que alberga a más de 2.000 millones de usuarios, ha limitado los mensajes reenviados a un único chat para combatir supuestamente la propagación de bulos. Una medida que ha despertado, sin embargo, el fantasma de la censura entre los usuarios, con una polémica al respecto que en las últimas horas ha cobrado fuerza en las redes sociales de nuestro país.

Este nuevo contexto de restricciones a la libertad de los ciudadanos ha sido hoy el principal tema de debate en el programa «Buenos días España», de Radio Cadena Española, que conduce y dirige Santiago Fontenla.

¿Qué grado de libertad e intimidad aceptaremos sacrificar para combatir la pandemia con estrategias como la geolocalización masiva o el distanciamiento social? No somos China, ni Corea. La geolocalización permanente contradice los más básicos principios constitucionales y carece de legitimidad política y jurídica. La libertad de movimientos así como la protección de datos son bienes superiores. Son algunos de los argumentos defendidos en el programa. [SIGUE MÁS ABAJO]

«De concretarse la geolocalización permanente estaríamos en Orwell. El principal reproche lo merece la OMS, que comparó el Covid-19 con una gripe, por lo que antes de suspender derechos constitucionales tiene que funcionar la prevención y los demás organismos internacionales», se apuntó. [SIGUE MÁS ABAJO]

«Buenos días España» advirtió de la amenaza que para la libertad individual supone la utilización de nuestros datos, situando el debate en quién gestiona esos mismos datos. «Si son técnicos de forma anónima, cederemos parte de nuestra intimidad, pero si hemos de dejarlos en manos de políticos comor Pablo Iglesias, preferiremos asumir el riesgo de morirnos». Y esta advertencia: «A la democracia representativa habrá que ponerle límites, tal como les quitamos a los militares la decisión de ir a una guerra. Estas crisis son demasiado serias para dejarlas en manos de políticos, y al final Fernando Simón ha actuado como un político».

«Si hoy hablamos de geolocalización a través del móvil es porque ya se puede. No hace falta hacer más que pulsar un botón». También se aseguró que «las medidas de control y vigilancia que se están tomando vayan más allá en tiempo y finalidad. Una vez superado el estado de alarma han de recuperarse de inmediato todos los derechos fundamentales, no sólo la libertad de circulación, sino también la privacidad». De ahí la obligada cita de Westin en su demoledora sentencia: «Las dictaduras quieren ciudadanos de cristal en opacas administraciones, y las democracias, ciudadanos opacos y administraciones cristalinas». «Ningún gobierno debería tener la más mínima posibilidad de seleccionar a quien espía. Por consiguiente, la geolocalización masiva no es en absoluto necesaria», se recalcó.

El programa de Radio Cadena Española también abordó con cifras el negocio de la censura a través de empresas globalistas dirigidas por Ana «Torquemada» Pastor y otras personas vinculadas al Gobierno socialcomunista.

PINCHE ABAJO PARA ESCUCHAR EL PROGRAMA:

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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

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Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

Por Diego Fusaro

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