Internacional
Australia, enloquecida, vuelve a sus orígenes de chusma indecente: la Policía podrá entrar en cuentas personales online sin demostrar sospecha de delito
EL PAÍS PARECE HABER ENLOQUECIDO CON LA PANDEMIA
El ‘green pass’ que ya anuncian velada o descaradamente los gobernantes y los medios de incontables países de todo el mundo, y que dividirá a la población entre ciudadanos de primera y de segunda, es un paso más en un proceso totalitario abanderado por los globalistas cuyo ejemplo más extremo probablemente sea Australia.
De la ley a la ley. El Parlamento ha aprobado recientemente uno de los atentados a la libertad de expresión y al derecho a la intimidad más espectacular de la historia reciente de Occidente. La Ley de Enmienda a la Legislación de Vigilancia 2021, aprobada con apoyo bipartidista tras un mínimo debate de un día y promulgada sin grandes alharacas, permite a la policía entrar y posesionarse de cuentas personales de quienes presuman “terroristas”, una etiqueta que ahora puede endilgarse a cualquier disidente, como en Estados Unidos está dejando clarísimo el presunto presidente Biden.
Con la nueva ley, los agentes ya no necesitan probar que existen indicios de actividad delictiva ante un juez para obtener una orden, sino que será la propia policía la que determine la “necesidad” del proceso. La panoplia de situaciones que pueden provocar el asalto policial es tan vaga como interminable, y las garantías contra los abusos son prácticamente nulas. Pero esto es solo el aperitivo en un país que parece haber enloquecido con una pandemia que parece retrotraerle a lo que era en los tiempos coloniales: una colonia penal.
Con esta ley, además, el gobierno de Australia, uno al menos de cuyos estados (Australia del Sur) ha desplegado el ejército para hacer cumplir el más reciente confinamiento total, también ha anunciado su intención de “desanonimizar” -lo que suele llamarse ‘doxxing’, revelar la verdadera identidad de participantes anónimos en redes sociales- Internet para introducir un sistema de crédito social que combata “el abuso online”. Como el de China, pero en inglés.
Ese mismo estado de Australia del Sur está desarrollando una aplicación que emplea tecnologías de reconocimiento facial y geolocalización para asegurarse de que los ciudadanos cumplen estrictamente el confinamiento domiciliario. La ‘app’ se asegura de que los ciudadanos obedecen contactando con usuarios aleatoriamente y pidiéndoles que presente una foto del lugar en el que están, incluyendo su rostro, en un plazo máximo de 15 minutos.
Dado que las restricciones y confinamientos hacen difícil coordinar ninguna protesta contra esta imposición del tecnofascismo sanitario por la puerta de atrás, han sido los camioneros los que se han ocupado de reaccionar, organizando un bloqueo de las carreteras que ningún medio convencional cubre pero que ya se está notando en los hipermercados.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
