Sociedad
Avanzamos en la dictadura del Frente Popular: Sánchez planea multar con 1.000 euros a personas “de riesgo” que no se vacunen con el apoyo de C’s y Partido Popular
Sanidad trabajaría en un borrador de sanciones que incluye el veto a determinados servicios públicos.
Pedro Sánchez no ha aclarado todavía si impondrá la obligatoriedad de la vacuna contra el coronavirus. Pero el Ministerio de Sanidad ha comenzado a trabajar en un plan para una “inmunización forzosa” en situaciones que supongan una “grave amenaza para la salud pública”. Contempla fuertes sanciones por negarse a ello, tal y como asegura El Confidencial Digital.
El ministro Salvador Illa afirmó que “no creía conveniente” que fuera obligatoria su inyección. Sin embargo, Sanidad cambió de opinión y dejó abierta la posibilidad de imponer una vacunación forzosa.
Si fuera necesario y la epidemia lo exigiera, habría herramientas para obligar a la población a vacunarse. “Lo que se tenga que hacer para controlar la pandemia, se hará”, han advertido.
En España, la vacunación no es obligatoria salvo que lo diga un juez. Sin embargo, en crisis epidémicas sí se abre la puerta a hacerlo, existen antecedentes jurídicos, en el contexto de una situación de brote epidémico, en los que se ha obligado a vacunar.
Sanidad considera que, en un escenario de grave amenaza para la salud pública, la herramienta más garantista es recurrir al decreto de estado de alarma.
La Ley 41/2002 básica y reguladora de la Autonomía del Paciente reconoce este principio de autonomía de la voluntad en su artículo 2ª e., donde garantiza el derecho a aceptar o rechazar terapias o procedimientos médicos.
En el Gobierno piensa en la obligación en sanitarios y trabajadores de residencias de mayores, pero también en cualquier perfil profesional cuya negativa a vacunarse, valorando el contacto directo que vaya a tener con el resto de la población por su actividad, genere riesgo para otras personas con consecuencias de tipo sancionador.
El único partido que parece romper con la línea «soviética» de obligar a los ciudadanos a vacunarse parece ser VOX.
Sanidad no prevé tomar esta decisión tan drástica en las fases iniciales de la campaña de vacunación.
La vacunación obligatoria es una medida que no puede adoptarse con el actual decreto del estado de alarma que aprobó el Gobierno en octubre. Sanidad apuesta por introducir un nuevo instrumento legal, al amparo de las atribuciones del Gobierno para decretar el estado de alarma y prever en sus nuevas disposiciones que se incluya la obligación de inyectarse la vacuna contra la Covid.
Otra de las modificaciones que el Ejecutivo se plantea introducir contempla multas por infracciones en materia de salud, que incluya rechazar vacunarse contra el coronavirus. Aunque se prevé darle el tratamiento de infracción leve, las sanciones rondarían los 1.000 euros, según explica ECD citando fuentes conocedoras de los planes de Sanidad.
Se pretende, explican, que la vía de la imposición de multas para quien no se vacune sea una forma de persuasión institucional para que las personas de riesgo acepten inyectarse la dosis.
También se estudia introducir otra especificación en la nueva normativa para privar el acceso a determinados servicios públicos a quien no se vacune por el riesgo de contagios.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
