Opinión
Ayuso se rinde a los pies del pirata inglés: declara tres días de luto oficial en la Comunidad de Madrid por la muerte de la reina Isabel II
AD. Una cosa es el respeto por la muerte de una jefa de Estado y otra el servilismo a los ingleses. Si hace unos días, Isabel Díaz Ayuso decepcionó a muchos de sus incondicionales por su apoyo al aborto de las menores de 16 años, aún cuando no tengan el consentimiento de sus padres, hoy ha venido a confirmar que lo suyo es servir al amo invisible disfrazada de populista garbancera. Que una cosa es respetar la memoria de Isabel II, y otra olvidar lo que Inglaterra ha supuesto históricamente para España. Casi todo malo. Desde el robo de Gibraltar al oro que viajaba a bordo de navíos españoles.
Los ingleses han sido depurados maestros en construir campañas de difamación contra su enemiga histórica, España. En su momento fue el Imperio Español, para el que construyó –con la cooperación holandesa– la «Fake News» «leyenda negra», cuyos efectos todavía seguimos sintiéndolos en España con la absurda complicidad de algunos sectores españoles. Ayuso encarna el patrioterismo de la derechona española, siempre rendido a las peores causas, siendo la fascinación por Inglaterra la peor de todas ellas. Rendir desmesurado tributo a la cabeza visible de la masonería mundial bien vale una silla en Bilderberg. Y mientras la desquiciada Ayuso monta este nuevo circo, los equipos ingleses jugando la Champions…
Tres días de luto oficial
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha dado este jueves la orden de declarar tres días de luto oficial en la región desde mañana viernes hasta el domingo por el fallecimiento de la reina Isabel II de Inglaterra.
Según ha informado la Comunidad, durante estas tres jornadas las banderas en los edificios de la Administración autonómica ondearán a media asta en señal de condolencia.
Además, se rendirá homenaje póstumo a la Reina iluminando la fachada principal de la Real Casa de Correos, sede de la presidencia del Gobierno madrileño, con los colores de la bandera británica.
Ayuso ensalza la figura de Isabel II, una mujer “icónica” y un “símbolo de continuidad y estabilidad”
La presidenta ha destacado a Isabel II como una “mujer icónica del siglo XX, que supo reinventarse al tiempo que le imprimía su sello personal”.
“Símbolo de continuidad, estabilidad, de una comunidad de pueblos y de fe repartida por el mundo entero. Descanse en paz”, ha escrito Ayuso en un mensaje en su perfil de Twitter.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
