España
«Buenos días España» estalla contra el silencio del PP y Vox ante la gestión del coronavirus: «Iros a la mierda, traidores»
LR.- Si algo está caracterizando la gestión de la crisis del coronavirus por parte del Gobierno es el silencio de la oposición del PP y de Vox. Esta circunstancia ha sido hoy motivo de polémica en el programa «Buenos días España», el espacio de Radio Cadena Española que conduce y dirige el periodista vizcaíno Santiago Fontenla.
El director de AD y colaborador del programa, Armando Robles, ha estallado literalmente por la ausencia de voces críticas exigiendo la cancelación de las macroconcentraciones feministas previstas el próximo domingo en toda España. «Con las feministas hemos topado. Si países como Suiza, Francia, Alemania e Italia están prohibiendo las aglomeraciones humanas, suponemos que porque disponen de información que lo recomienda, por qué el Gobierno español hace lo contrario», se preguntó Robles.
«No quiero ser alarmista, pero creo que después de esas concentraciones feministas en toda España, sin ningún control sanitario, se va a producir un aumento del número de contagiados. Pero qué le importa a la izquierda la salud de los españoles», advertía Robles.
Tras pedir a PP y a Vox que salgan de su letargo y comiencen a hacer oposición efectiva al Gobierno, Robles recordó que, de igual forma al caso de un conductor que sería enviado a prisión acusado de un delito de homicidio imprudente si atropellase a un viandante habiendo dado positivo, «alguien del gobierno tendría que ser acusado de negligencia criminal si se estableciera un correlato entre el incremento de casos de coronavirus y las concentraciones feministas del día 8».
A continuación, el director de AD arremetió duramente contra la oposición. «Dios sabe por qué la oposición no hace su trabajo. Ni PP ni Vox han abierto la boca, cuando saben que la gestión de la crisis del coronavirus por parte del Gobierno esá siendo infame. Si ahora mismo hubiera un Ejecutivo del PP, la izquierda estaría en pie de guerra. Parece que la oposición ha renunciado a plantar batalla, no ya ideológica, sino política, al partido socialista. De haber sido al revés insisto, de estar el PP en el Gobierno, estaríamos viendo a la izquieda actuar como lo hizo durante la crisis del ébola, casi haciéndonos creer que había sido Mariano Rajoy el creador de la enfermedad. Y ya no digo nada si el PP hubiese tenido la responsabilidad de lo que ha sucedido en el vertedero de Zaldívar, con dos muertos aún no encontrados y miles de personas confinadas en sus casas».
«Iros a la mierda, traidores», espetaba Amando Robles para rematar su indignada intervención contra la «claudicante» oposición tanto el PP como de Vox.
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
