España
«Buenos días España» (Radio Cadena Española): «El Gobierno tiene las manos manchadas de sangre»
Intensísimo debate sobre la actuación del Gobierno y la oposición el que ha tenido lugar hoy en el programa «Buenos días España», de Radio Cadena Española.
«El Gobierno ya está preparando el relato falaz para después de la pandemia, y ese relato situará a la derecha como la principal causante de las muertes por sus recortes en sanidad. Que nadie lo dude. Los que hoy, por puro cálculo político, piden unidad al PP, mañana desenvainarán los cuchillos contra los de Casado. Si ya lo vimos ayer en el Congreso. No basta que tanto el PP como Vox votasen a favor del decreto para ampliar el estado de alarma otros quince días. Sánchez solo tuvo palabras de reproche hacia sus líderes. Y es que la derecha no quiere enterarse que en el ADN de la izquierda está el odio hacia ellos, y que aunque mueran 20 millones de españoles como consecuencia de la negligencia del Gobierno, el odio a la derecha seguirá aglutinando a los votantes de la izquierda. En definitiva, que el inofensivo gatito que ellos creen, es un lobo presto a degollarlos a la menor ocasión». Fue el testimonio de Armando Robles sobre la necesaria ofensiva política que, a su juicio, debería emprender la oposición contra la gestión de la crisis del coronavirus por el Gobierno.
Hubo un intenso debate en este punto entre Robles y otro de los intervinientes en el programa, el periodista navarro Javier Garisoain, que defendió el comedimiento por parte de la derecha y aparcar las críticas al Gobierno hasta después de la crisis. «Debemos ser elegantes y no como ellos», dijo, a lo que Santiago Fontenla, conductor y director del programa, respondió con una frase lapidaria: «Sólo cuando hemos sido como ellos hemos ganado. Y fue en la guerra civil».
«El Gobierno tiene las manos manchadas de sangre», apostilló el periodista vizcaíno.
Robles insistió en la necesidad de que PP y Vox pasen a la acción antes de que la izquierda consolide ante la opinión pública su relato victimista, y se refirió en este sentido a las «críticas inmisericordes» al PP y a Vox del portavoz de Podemos, Pablo Echenique, ayer en el Parlamento. «Es decir, que el mismo día que Casado y Abascal dan sus votos a Sánchez y a Iglesias para que puedan prolongar el estado de alarma, el portavoz de Podemos se dedica a lanzar piedras contra ellos», señaló.
El director de AD también se refirió a la compra de España a China de material sanitaria por valor de 432 millones de euros. «China primero nos infecta y ahora se lucra con la venta a España de materiales sanitarios para hacer frente a la pandemia que ya nos ha costado centenares de muertos y miles de contagiados».
En definitiva, un espacio crítico y alternativo, con todos los ingredientes necesarios para hacerse imprescindible cada mañana.
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
