España
«Buenos días España» reclama la detención de Pedro Sánchez y que el Ejército tome el control de la gestión contra el coronavirus
Pocas veces la intensidad fue mayor en «La Ratonera». El apartado de análisis del programa «Buenos días España», de Radio Cadena Española, giró en torno al coronavirus y sus consecuencias sanitarias, políticas y económicas. Muy indignado, Armando Robles, director de AD y colaborador del espacio, pidió la inmediata detención del presidente del Gobierno por presunta negligencia criminal y consideró «imperativo» que el Ejército asuma el control de la lucha contra la propagación de la enfermedad.
A su juicio, Pedro Sánchez y su gobierno están «moral y políticamenmte» ilegitimados para asumir el control de una situación que calificó de «emergencia nacional». «El pirómano no puede ejercer ahora de apagafuegos. Las salud de los españoles no puede estar en las manos de este canalla. No nos pueden estar pidiendo responsabilidad los mismos que autorizaron la manifestación del 8-M cuando el virus galopaba por Madrid, para acabar, por cierto, colándose en sus cuerpos».
«Nuestros dirigentes carecen de credibilidad y de transparencia y van a rastras de los acontecimientos. Si el Seprona te descubre quemando unos matojos en el campo para hacer una paella, puedes acabar en la cárcel por delito contra el medio ambiente. La negligencia de Sánchez ha provocado la propagación sin freno de la enfermedad, y ni el PP ni Vox exigen responsabilidades penales al presidente. Tenemos a unos canallas por dirigentes políticos, a los que la salud y la vida de los españoles nada les importa», espetó Robles. «.
El director de AD recordó que el programa que conduce y dirige Santiago Fontenla había estado insistiendo durante toda la pasada semana en favor de la cancelación de las concentraciones feministas del 8M. «Dijimos que ese día iba a marcar un antes y un después en el número de muertos y contagiados y desgraciadamente, una vez más, no nos equivocamos. Lo que se está viviendo en Madrid, con miles de personas confinadas en sus casas, no se vivía desde la guerra civil», manifestó.
«Por qué en Rusia, con un territorio y una población superiores a la nuestra, no se han producido contagios. Algo han hecho bien las autoridades rusas y algo han hecho rematadamente mal las españolas».
En «Buenos días España» también se abordó las repercusiones económicas del coronavirus. «El drama vendrá con la resaca. Se acabaron las medidas efectistas y demagógicas. El Gobierno a tener que hacer frente a una crisis tremenda y si consigue sacar adelante presupuestos, van a tener que ser presupuestos para una situación de emergencia. El dinero poco o mucho, el que haya, se va a tener que dedicar a lo fundamental y ahora sí va a haber que mirar con lupa a dónde va cada euro, es decir, ahora les va a tocar elegir entre lo malo y lo peor»
Por último y tras criticar la «desaparición» de Podemos, , Robles se preguntó qué habría ocurrido si la gestión contra el coronavirus la hubiera llevado a cabo un gobierno del PP, con el resultado de decenas de muertos, cientos de contagiados, una industria turística paralizada, fallas aplazadas, aislamiento aéreo de España… «Probablemente a estas horas estarían ardiendo las calles españolas. Por eso sorprende tanto el silencio del PP y de Vox, su sometimiento a este gobierno de canallas», concluyó.
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
