España
Cada votante de Vox garantiza a Sánchez la Moncloa
Ramón Pérez-Maura.- Supongo que éste es el artículo que habría que publicar el próximo lunes 11 de noviembre. Pero no tengo miedo de hacerlo hoy porque creo que no hay peligro de equivocación relevante. Más de dos siglos después, la derecha española sigue cometiendo los mismos errores. Ricardo de la Cierva, un historiador un tanto atrabiliario, catedrático de la Universidad de Alcalá y premio Mariano de Cavia, Luca de Tena, Víctor de la Serna y Espejo de España, además de fugaz ministro de Cultura con Adolfo Suárez, publicó en 1987 «La derecha sin remedio (1801-1987). De la prisión de Jovellanos al martirio de Fraga» (Plaza y Janés). El libro es una premonición de cómo iba a estar la derecha española tres décadas después: rota y sin ser capaz de alcanzar el poder por sus propios enfrentamientos.
Vivía entonces Fraga la traición de los democristianos de Óscar Alzaga, que después de haber sido elegidos a las Cortes con los votos de Alianza Popular prefirieron marcharse y dejar a Fraga debilitado ante un Felipe González pletórico. «Me está pasando lo que a Cánovas con Silvela, lo que a Maura con Dato. Parece que la derecha no tiene remedio» decía don Manuel. En el verano de 1986 mi madre había sido elegida diputada a Cortes por Alianza Popular. Recuerdo aquel verano la conversación en la terraza de casa con un diputado por Ávila que tenía la vista perdida en la bahía de Santander: José María Aznar. Sostenía que no tenía sentido pretender mantener en el grupo parlamentario al PDP. Había que refundar la derecha. Costó diez años ganar unas elecciones, pero no había otro camino para ello. Era, efectivamente, la derecha sin remedio.
El domingo votaremos y, con la información disponible, apuesto a que la derecha (PP, Vox, Cs) obtendrá entre 3 y 4 puntos más que la izquierda. Pero el PSOE de Sánchez será el partido más votado. Vox saldrá a celebrar sus resultados con entusiasmo indescriptible: estará en torno a los 60 diputados frente a los aproximadamente 90 del PP y los 15 de Ciudadanos. ¿De verdad habrá algo que celebrar? El resultado de Vox permitirá a Sánchez ganar las elecciones con aproximadamente los mismos escaños que tiene hoy. Es decir, un inmenso fracaso de Sánchez y su rasputín Iván Redondo. Pero seguirá sentado en La Moncloa y gobernando desde la mentira y la búsqueda de la confrontación entre españoles, dejando a los independentistas campar a sus anchas.
Después de las elecciones del pasado mes de abril, cuando Vox quedó muy lejos del resultado que apuesto que logrará ahora, su dirigente Iván Espinosa de los Monteros salió en la noche electoral a decir que ése era el campamento base para llegar a la cumbre. Estupendo: el 10 de noviembre van a establecer un nuevo campamento, camino de la cumbre, desde el que contribuirán a que España permanezca bloqueada y en manos de un Gobierno de izquierda que hace un uso abusivo del poder que le otorga la ley. La situación de hoy es mucho peor que la de 1986. Entonces había un PSOE con mayoría absoluta que no necesitaba depender de los nacionalistas catalanes y vascos. Y el PDP era una ficción política que carecía de bases porque los votos se los había dado el partido al que traicionaba. La derecha hoy tiene un primer partido que sigue siendo fuerte y crece y una escisión en su seno que quiere matar al padre. Eso mantendrá a la izquierda en el poder no diez, sino veinte años. «El País» jaleaba ayer en portada el auge de Vox. No es para menos. Cada votante de Vox garantiza a Sánchez La Moncloa.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

Manuel Sánchez Martínez
11/11/2019 at 17:01
Pues para mí cada votante del pp es el que garantiza la continuidad del doctor cum fraude. El pp ha tenido ocasión de acabar con la desmemoria histórica y la violencia de género y no lo hizo. Con los nacionalistas hizo lo mismo que la psoe. Por lo tanto, la solución no es votar al pp. Y si el impresentable del doctor fraude está ahí es gracias al pp, con Rajao a la cabeza. Y si Casado hubiese hecho la limpieza que prometió y hubiese vuelto a los principios del pp, VOX no habría crecido tanto. Y no ha sacado más “gracias” al cuento gavioto del voto útil. Así que dejad de engañar a la gente, que al final sois igual que la secta o teta 5.
Julio
09/11/2019 at 18:59
Vais de supuestos patriotas, pero sólo sois unos vendidos al PP. Formáis parte de la vieja política