Sociedad
Carcedo asegura que la ley de eutanasia será aprobada en esta legislatura
La ministra española de Sanidad, María Luisa Carcedo, defendió este lunes en París que las leyes para regular la eutanasia y los cuidados paliativos «son necesarias y complementarias» y mostró su confianza en que ambas serán aprobadas en la nueva legislatura.
En declaraciones a Efe, Carcedo señaló que espera que la nueva composición del Congreso de los Diputados, y «sobre todo» la de su Mesa, «no impidan que se tramiten estas dos leyes».
Las declaraciones de la ministra en París -tras participar en una mesa redonda en el Foro de la OCDE- llegan en el mismo día en que los médicos franceses han interrumpido el tratamiento que mantiene con vida al francés Vincent Lambert, un hombre que se encuentra en estado vegetativo después de un accidente en 2008.
El caso ha despertado una enorme polémica en Francia, ya que los padres de Lambert se oponen a que se deje morir al hombre, aunque la Justicia francesa y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos han autorizado que se deje de alimentarle e hidratarle, tal y como reclama su esposa.
Carcedo defendió la propuesta de regular la eutanasia -que el PSOE llevaba en su programa electoral- para permitir que sea cada persona «la que toma la decisión de forma reiterada, jurídicamente segura y que decida cuándo vivir en esas condiciones no respeta su integridad física, psicológica y moral».
Para el caso de aquellos enfermos que hayan pedido su capacidad para expresarse, estará «el procedimiento de voluntades anticipadas», que la nueva legislación también regulará.
Según la ministra, también debe normalizarse «el abordaje de la fase final de la muerte para que se haga en condiciones dignas» y considerar esto «una prestación más de nuestro sistema nacional de salud».
Y acusó una vez más al PP y Ciudadanos de haber torpedeado la aprobación de ambas leyes en la pasada legislatura, al haber bloqueado, en el caso de la eutanasia, su tramitación en la Mesa del congreso, y al haber presentado enmiendas, en el caso de los cuidados paliativos, en el Senado que obligaron a devolver el texto al Congreso, que ya había sido disuelto.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
