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Carlos Sainz gana su tercer Dakar y vuelve a hacer historia con 57 años
Pasan los años, pero Carlos Sainz no se cansa de estar en la brecha. Durante once meses se ha acostumbrado a ser ya «el padre de». Pero en enero cambia las tornas y consigue que todo el mundo hable de todo un piloto de Fórmula 1 como «el hijo de».
Este viernes, con 57 años (se dice pronto), el madrileño ha cruzado la meta de la última etapa del Dakar como campeón por tercera vez en su carrera. Suma este touareg de oro a los ya obtenidos en 2010 y 2018. Lo hace, además, con una tercera marca distinta. Sainz ya ha ganado con Volkswagen, Peugeot y ahora, Mini. No hay nadie en el mundo del automovilismo con la capacidad de Sainz para desarrollar un vehículo de competición.
Sainz, que ya era el piloto más veterano en haber conquistado el Dakar, amplía ese récord un par de años más. Lucas Cruz, copiloto de Sainz, suma también su tercer triunfo absoluto, siempre como tripulante junto al «Matador».
Sainz ha terminado el Dakar 2020 con cuatro victorias parciales. El piloto de Mini atrapó el liderato en la tercera jornada, y ya no lo ha soltado en el largo trayecto por Arabia, con más de 5.000 kilómetros cronometrados.
La última etapa, con final en Quiddiya, fue prácticamente un sprint de 167 kilómetros. A esa distancia se había recortado la última especial, y los tres candidatos al título, Sainz, Peterhansel y Al Attiyah, los recorrieron en poco más de una hora.
Al Attiyah se llevó la especial con 3:31 sobre Peterhansel y 3:56 sober Sainz, por lo que el madrileño le ha ganado el raid al qatarí por apenas 6:21, una de las diferencias más cortas de la historia.
«Ha sido un rally muy difícil. Solo nosotros tres sabemos lo mucho que hemos apretado desde el primer día. Ha sido un rally de ir a todo gas desde el inicio», comentó Sainz al finalizar el último tramo.
Preguntado por si volverá al Dakar el próximo año, Sainz señaló que «todavía es demasiado pronto para saberlo» y pidió que le dejen disfrutar y saborear el triunfo.
También Fernando Alonso estuvo en la lucha hasta el final. Volvió a acabar entre los mejores esta última especial y completó un primer Dakar excepcional. El asturiano cruzó la meta de la especial en tercera posición, su segundo «podio» en una etapa, a 3:25 de Al Attiyah y a solo 9 segundos del argentino Orlando Terranova.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
