España
Carta de un currante que no llega a fin de mes a Pablo Iglesias: “Somos pobres pero no idiotas”
Las declaraciones de bienes publicadas por los diputados del Congreso sigue generando numerosas reacciones entre la población. La última se ha conocido este martes, en el que un ciudadano de a pie se ha mostrado crítico con el Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, al ser el líder de los principales partidos que más dinero ingresó en el año 2015, cuando percibió una cantidad cercana a los 120 mil euros.
En la misiva no solo se muestra crítico con las contradicciones en el discurso de Iglesias y de los principales dirigentes de la formación, sino que además ha afeado al dirigente morado (al que se refiere como Vuestra Excelencia) que haya atacado a la misa de TVE.
El autor de la carta ha reivindicado el papel que juega la Iglesia en la sociedad a diferencia de las recetas que propone Podemos para mejorar la vida de la gente. Aquí reproducimos la carta completa;
Exmo. Señor Diputado Don Pablo Iglesias Turrión:
El Congreso de los Diputados acaba de hacer públicas en su página web las declaraciones de bienes de los diputados de esta nueva legislatura, y Su excelentísima es el líder de los grandes partidos que más cobró en 2015:
Como Eurodiputado, Vuestra Excelencia, reconoce haber percibido 80.908,56 euros, a los que suma 4.391 euros que le pagó Podemos y 427,61 euros más de la Universidad Complutense. A esta remuneración por cuenta ajena, también suma otros 33.700,48 euros procedentes, según su propia declaración, de «derechos de autor y presentador de TV«: básicamente, su papel en La Tuerka y ‘Fort Apache‘. En total, percibió 119.426 euros, lo que le sitúa muy por encima de lo que ganaron los líderes de PP, PSOE y Ciudadanos.
Con ese sueldo, se sitúa holgadamente en el 1% de los españoles que, según el CIS, ganan más de 50.000 euros. Su propio partido empezó clasificando como ‘ricos’, a los que ganaran más de esa cifra, luego Vuestra Excelencia es MUY RICO. Sin embargo se nos presenta a nosotros los pobres como representante de los parias de la tierra.
Vuestra excelencia por tanto es un hipócrita. Pero además de los peligrosos, pues propugna la subida de impuestos a los «ricos», pero nos los sube a la clase media-baja haciéndonos cada día más pobres.
Y ahora ataca a la misa de la tele, pobre consuelo de las almas atribuladas porque Vuestra Excelencia es ateo. Luego atacará sibilinamente a la Iglesia, y aquí yo le pregunto.
¿Dónde cree Vuestra Excelencia que voy a comer cuando llego a fin de mes?
¿Dónde me dan ropa gratis para mí y mis hijos?
¿Dónde me atienden con cariño?
Le doy tres opciones a ver si acierta:
1.- En la sede central de su partido Podemos.
2.- En UGT, CCOO.
3.- En la parroquia.
Vaya usted a engañar a un bobo, que somos pobres pero no idiotas…
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
