España
Carta de un funcionario de prisiones a Ortega Lara
Carlos García Ruiz (Remitido).- Por si ya no me tienes en tu agenda soy Carlos García Ruiz. Funcionario de prisiones de Jaén en el puesto de Jefe de Servicios. He sabido que vas a venir en unos días por esta ciudad.
He de decirte, desde el mayor de los aprecios, que no puedo entender cómo te prestas a semejante despropósito. Vas a arropar a una persona que tiene vinculaciones con actividades delictivas, cosa que tú sabes, y que todo el mundo en Jaén conoce. A otro que se incorporó al proyecto de Vox en fechas recientes y que es conocida, según dicen, su adicción al alcohol, el parlamentario andaluz por Vox, Ben Murillo.
Además del senador por el cupo autonómico, activista y peluquero, según su perfil de Facebook, Francisco José Alcaraz; a quien hace unos años intenté fichar para Vox, siendo yo responsable provincial y su contestación fue literalmente: «yo nunca participaré en política y si lo hiciera, jamás sería en un partido como Vox».
Esta comunicación está protegida por el secreto que recoge nuestra Constitución. Tienes mi palabra de que nunca será divulgada por mi parte.
Incluso si hubiera respuesta por la tuya. Cosa que dudo.
No alcanzo a entender que alguien como tú siga colaborando con ese entramado criminal-político-financiero en que se ha convertido esa formación.
Sin ambages, me has decepcionado. A estas alturas de tu vida supongo que te dará igual. Has sido un referente moral para muchos de nosotros que, sin llegar a sufrir los padecimientos que tú soportaste, también estuvimos muchos años mirando si estaba el gato debajo del coche y llevando a nuestros hijos al colegio con la pistola montada y a mano en la cintura.
En 31 años de profesión he visto muchas cosas. Todas te curten. Pero nada comparable a la frustración y decepción de ver caer a un mito.
Funcionario de prisiones
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
