España
Casado se compromete desde Bruselas a aplicar el 155 en Cataluña «el tiempo que haga falta»
El presidente del PP, Pablo Casado, ha afirmado que solicitará en Bruselas la modificación del funcionamiento de las euroórdenes de detención, de manera que se garantice la entrega «automática» de los huidos como el expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont.
En declaraciones a los medios antes de participar en la reunión del Partido Popular Europeo (PPE) en Bruselas, previa a la cumbre europea, el líder popular ha explicado que volverá a plantear la necesidad de «modificar» la normativa que regula las euroórdenes para garantizar la devolución «automática» a España de «fugados de la Justicia española» cuando hay «causas instruidas por rebelión y sedición».
Ha insistido en que los encausados deben ser «entregados automáticamente sin pasar por tribunales regionales» de otros países, como ha sucedido con el «expresident» Puigdemont, así como con los exconsejeros que huyeron con él a Bruselas y a otros lugares de Europa.
Por otro lado, el presidente del PP ha dejado claro este jueves que su partido no va a aceptar un nuevo Estatuto catalán después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, abriera la puerta a aceptar uno nuevo si cuenta con el respaldo del 75 o el 80 por ciento de los catalanes, al que ha vuelto a instar a aplicar el 155 en Cataluña o a convocar ya nuevas elecciones.
«Si no aplica el 155, lo que tiene que hacer es aplicar la democracia, convocar a los españoles a las urnas y ya vendremos nosotros a arreglar este problema», ha dicho Casado a la prensa a su llegada a la reunión de líderes populares previa a la cumbre europea.
«Nosotros queremos aplicarlo. Si ellos no lo aplican, en cuanto yo llegue al Gobierno, en el primer Consejo de Ministros lo aplicaré el tiempo que haga falta y en la extensión competencia que haga falta», ha aseverado.
Casado ha acusado a Sánchez de aplicar «ibuprofeno» para tratar de resolver la crisis en Cataluña y le ha criticado por plantear «sutilmente» este miércoles «una vía que se parecía a la de Zapatero con Maragall». «Es decir, ustedes busquen un acuerdo con un Estatut, que yo me lo tragaré aquí en las Cortes españolas», ha añadido.
«Y eso no lo vamos a tolerar», ha avisado el dirigente popular, que ha justificado su postura alegando que «todo el problema de Cataluña vino con Maragall y Zapatero» por aceptar un Estatuto catalán aprobado en el Parlamento regional y luego rebajado por la Justicia española. «Lo empeoró más Puigdemont y se lo quiere cargar ahora Torra con Sánchez y todo para permanecer en la Generalitat y en la Moncloa cuatro meses más», ha sentenciado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
