Internacional
Científicos chinos aterrorizan al Nuevo Orden: crean, mediante manipulación genética, dos niñas invulnerables al SIDA
Poco han tardado los emisarios del Nuevo Orden en bramar contra el anuncio de unos científicos chinos de la Universidad de Shenzen que han relatado en un congreso sobre genética celebrado en Hong Kong, su éxito en modificar genéticamente a dos gemelas chinas, nacidas ya hace varias semanas, para protegerlas para el resto de su vida de la enfermedad del SIDA mediante la manipulación genética.

ADN
Se da la circunstancia de que el padre de los dos bebés es seropositivo, y había descartado poder tener hijos. Sin embargo, con la técnica de manipulación genética CRISPR, conocida hace tiempo por la comunidad científica, los genetistas chinos, tras una fecundación «in vitro«, aplicaron este sistema para inactivar en las dos el gen CCR5, que es el que sirve al VIH como puerta de entrada al organismo. Esto las convierte, de hecho, en totalmente inmunes a esta enfermedad, ahora y en el futuro.
Muy curiosamente, el resto de la comunidad científica internacional ha reaccionado de una forma histérica y ha calificado de «monstruoso» este experimento, incluso «en el caso de que sea verdad y no un montaje publicitario» como han llegado a comentar algunos de ellos.
No comprendemos de ninguna manera que estos científicos y médicos, los mismos que se pusieron de acuerdo para alterar el Juramento Hipocrático y eliminar las líneas que hacían referencia a que «jamás un médico ayudaría a un aborto» y que estaban inscritas en el Juramento desde hace milenios, digan, ahora, que inactivar un gen en unos bebés para protegerlos de una enfermedad es algo «moralmente monstruoso«.
No alcanzamos a entender esta moralidad que intenta implantar el Nuevo Orden Mundial, que antepone la muerte de los bebés y el negocio del aborto a la vida y a los avances que permitirán en un futuro ya muy cercano poner coto a enfermedades terribles y plagas peligrosísimas con una simple acción de un reactivo genético que permite apagar y encender los genes que son responsables del Alzheimer, la demencia senil, la diabetes, la ELA o las enfermedades degenerativas, horrores familiares que todos conocemos.
Pero sin embargo, vulgarizan y relativizan el asesinato en serie de bebés con la intención de crear una sociedad débil y entregada a sus oscuros y egoístas fines.
No cabe duda de que la noticia que hoy divulga la ciencia china es una buena noticia. La mala es observar la reacción de los médicos que, en teoría, pagamos para que investiguen y nos protejan.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
