Opinión
Cobarde abandono a la Corona. Por Jesús Salamanca Alonso
«Carlos Mazón también debe hacérselo mirar: mucho trigo para poco pollo. Deberían dimitir ambos presidentes tras reconocer su incapacidad e inutilidad organizativa»
Para Pedro Sánchez, las víctimas de Paiporta y los voluntarios que se volcaron con el desastre de la localidad «son unos violentos marginales». No se imagina el presidente cómo llamamos a los psicópatas que han mostrado dejadez ante esta tragedia, además de pretender sacar rédito político al sufrimiento de los habitantes de la mencionada localidad. «Nuestro objetivo es salvar vidas», decía el mentiroso presidente, ahora también traidor a la Corona que, haciendo ascos a la misma, no ha dudado en hipotecarla, salvo que ese fuera su primer objetivo. Menos mal a Felipe VI y a la ínclita Letizia Ortiz; ambos han dado la cara ante un problema creado por la inutilidad de los políticos y la incompetencia de sus asesores y técnicos. Por cierto, Carlos Mazón también debe hacérselo mirar: mucho trigo para poco pollo. No estaría de más que dimitieran ambos presidentes reconociendo su incapacidad e inutilidad organizativa.
Pedro Sánchez no quiso ver que, mientras la gente moría, él pasaba de ello y convocaba un pleno urgente para repartirse la baraja de RTVE y crear un Consejo de periodistas vendidos al poder, que es lo mismo que decir vendidos a la mafia del «sanchismo» catastrófico y degenerado. Por cierto, la UE lo ha declarado hoy «un feroz atentado a la libertad de expresión»
Pedro Sánchez, mientras sabía que la gente moría, siguió negociando con sus aliados «Frankenstein» el escalón superior para amnistiar a colegas a cambio de sacar adelante los presupuestos generales del Estado y cuantas prebendas exijan. Tampoco sería descabellado que los 15.000.000 de euros que pretende regalar a Cataluña lo dedicara al desastre de Valencia. Los españoles sí damos nuestra autorización a ese cambio de medida.
Pedro Sánchez, mientras moría la gente, no dudó en echar un pulso a Carlos Mazón y esperar a ver si fracasaba y aumentaban el número de cadáveres para así levantar la vista y presentarse como el que soluciona el problema. ¡A buenas horas mangas verdes! Sánchez ha querido dejarse ver como redentor y ha muerto crucificado.
Lo que ha acabado por matarlo social y políticamente ha sido su expresión de semidios tarado, aunque yo lo llamaría imbécil integral o sátrapa circular. Hay una expresión que le perseguirá mientras viva: «Si necesitáis algo, no tenéis más que pedirlo». No le faltó más que decir que él es la verdad y la vida, sobre todo la verdad. Pero el karma llegó a él y estaba en paños menores. Comprobó lo que estaba sucediendo, pero le dio exactamente igual, lo que demostró que es un ser inmaduro, inhumano, cínico y vengativo. Su propio narcisismo idiotizado le ha convertido en un cadáver político del que hoy se reía toda la prensa internacional, si bien lo que más destacaba eran los conceptos «cobardía» y «abandono al jefe del Estado».
Confío en que algún día compruebe y compare lo que ha demostrado la reina Letizia Ortiz –manchada de barro hasta las rodillas– sintiendo lo sucedido. Demasiada mujer para tratar con un simple calzonazos que volvió sobre sus pasos al temer por su vida, con la falsa disculpa de una agresión. Revisen los vídeos y fotos de la huida, comprobarán a un Sánchez blanco como la cal, asustado, angustioso, nervioso, descentrado y con los ojos semicerrados mientras el guardaespaldas intentaba que no se desplomara. Líderes como Zelenski se habrán mofado de este pobre bobalicón que ampara a los sectores más degradados de la sociedad española y más cavernarios para el siglo XXI.
Mal por parte de sus vendedores de burras, pagados para dar de él una buena imagen. Todos ellos se han hundido al comprobar que el palo dio a un fotógrafo y a un guardaespaldas, nunca a Sánchez. En nuestra crónica inglesa destacamos los conceptos de «calzonazos» y «bragazas» porque le van como anillo al dedo.
Ayer en Paiporta se hundió el «calzonazos» y psicópata perturbado. Pedro Sánchez ya es un cadáver putrefacto para la política, como ha destacado un medio francés. Lo peor del presidente hundido es que actúa como un animal herido, que son los más peligrosos. Confío en que los reyes de España desistan de llevarlo con ellos a Chiva, porque él es la hoguera y el motivo de discordia para incendiar el cotarro. El pueblo lo desprecia y ante eso…
A diferencia de Pedro «Cum fraude», los reyes de España no huyeron del lugar, sino que dieron la cara con dignidad y entereza, pero no sin perturbación y angustia. Pedro Sánchez iba delante muy asustado y sin ser consciente de que la hoguera era él y las chispas saltarían por él y su tardanza tras jugar al ajedrez con la incertidumbre de la ciudadanía y el aumento del número de muertos a la espera del fracaso de Carlos Mazón. Su ruindad y bajeza humana han quedado patentes, pero también su inhumanidad y acción vengativa.
Caldeados los ánimos fue incapaz de mantenerse firme ante la crispación de la ciudadanía y las preguntas que se agolpaban en tropel. Huyó deprisa hasta que consiguió llegar al coche oficial, dejando atrás al Rey de España ante una población muy enfadada, aguantando junto a la Reina el resultado de la grave incompetencia del Gobierno de España y su falta de entendimiento con el presidente de la Comunidad Valenciana. Todas las poblaciones afectadas seguirán recibiendo ayuda de todo tipo, a pesar de Pedro Sánchez y su desprecio por la vida de los otros. Él es único en su narcisismo y lleva el trasero en el reverso de su cobardía de paranoica.
La ciudadanía debe plantearse cómo deshacerse de este fantasma, pero por la vía democrática. Los mecanismos se han puesto en marcha y solo falta el visto bueno de la UE tras los titulares de prensa del día siguiente a su huida descarada, ruin y cobarde. Mejor que se agarre a Kamala por si amanece con un Trump.
A ver si más que ir a Valencia a colaborar, debemos acudir a «Moncloaca» a sanearla de políticos, bulos y tramposos. Ya es un hecho que los políticos son los enemigos del pueblo, de igual manera que solo el pueblo salva al pueblo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
