Internacional
«Cogérsela con papel de fumar» Parece ser la consigna en la ‘Nueva Alemania’ castrada de Merkel: Censuran libro infantil por decir que el COVID19 proviene de China
Un libro infantil de autores alemanes afirmó que el virus PCCh provenía de China, tal como es sabido mundialmente, pero ante las fuertes presiones de diplomáticos del Partido Comunista Chino (PCCh) y chinos locales, el editor decidió eliminarlo por completo y dar por finalizada su comercialización.
[E]l libro que se publicó durante el verano del 2020 se titula A Corona Rainbow por Anna y Moritz. El libro intentó ayudar a los niños a comprender el mundo radicalmente diferente al que se encontraron durante la pandemia provocada por el virus PCCh.
El libro principalmente contiene imágenes, dado que está orientado a un público infantil, aunque también tiene un pequeño relato en el que el padre de los niños dice: “El virus proviene de China y se ha extendido desde allí a través de todo el mundo”, de acuerdo a lo reportado por The Times.
A pesar de que existe un abrumador consenso científico de que el virus surgió en Wuhan, en el centro de China, el régimen comunista lo ha negado sistemáticamente, incluso ha promulgado teorías conspirativas infundadas, como que las fuerzas armadas de Estados Unidos llevaron el virus a China con intención de afectar a su población.
La frase “virus Chino” la hizo realmente popular el expresidente de los Estados Unidos, con la expresa intención de lograr responsabilizar y crear conciencia en el mundo sobre los verdaderos responsables del desastre mundial que provocó el virus PCCh.
El PCCh, que es especialista en victimizarse y buscar enemigos, intentó imponer la idea de que decir “virus chino” generaría racismo y discriminación, cuando el propio Trump se encargó en repetidas oportunidades de afirmar que los responsables de la catástrofe no era el pueblo chino, sino el Partido Comunista Chino que oprime a su pueblo desde hace décadas.
El consulado chino en Hamburgo, retomó y ayudó a dar fuerza a una campaña iniciada en las redes sociales entre ciudadanos chinos en Alemania, que apuntaba a motivar a la gente a ingresar a Amazon para puntuar con una sola estrella el libro, alegando que estaba “difundiendo el racismo entre los niños en Alemania”.
Medios estatales de propaganda china también intervinieron en el asunto, el Global Times dijo: “La comunidad china cree que una simple disculpa no es suficiente y pidió que se retirara el libro”.
Haciendo caso a la campaña de presión, la editorial Carlsen se disculpó y decidió destruir las copias del libro remanentes y dar por finalizada su producción.
“No lo volveríamos a decir de la misma manera hoy. Si las frases han herido los sentimientos de alguno de nuestros lectores, lo sentimos mucho. Esto no era lo que pretendíamos y pedimos disculpas a los afectados. Las copias que aún estén disponibles serán destruidas”, anunció la editorial.
La actitud de “destruir las copas disponibles” seguramente fue bien recibida por parte del PCCh, quien tiene un amplio historial en las últimas décadas quemando libros vinculados a su cultura ancestral o sobre religión u otras creencias espirituales.
En el 2019, se conoció el caso de una biblioteca en el condado de Zhenyuan, en el noroeste de China que debió quemar una colección de libros considerados políticamente incorrectos por orden del PCCh.
Andrés Vacca
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
