Internacional
Comienza la batalla legal contra el aborto en Argentina por inconstitucional y genocida
Los provida consideran que «se está impulsando el exterminio generalizado y sistemático de seres humanos inocentes mediante el crimen del aborto». La ley del aborto fue aprobada el pasado 30 de diciembre en el Senado, tras una tramitación exprés contra el sentir mayoritario de los argentinos.
La Ola Celeste protagonizada por los grupos provida en Argentina no se diluye tras la aprobación en el Senado el pasado 30 de diciembre y la promulgación este jueves de la ley del aborto. Muy al contrario, no han dejado pasar ni unos días para hacer frente a esta ley.
La Fundación Más Vida, que también es impulsora del Partido Celeste, presenta este viernes una acción de amparo ante el Juzgado Contencioso Administrativo Federal en el momento en que se publique oficialmente la norma que permite el aborto libre hasta la semana 14 de vida prenatal del bebé y prácticamente durante los nueve meses de gestación si el embarazo inesperado es consecuencia de una violación o su se alega peligro para la salud de la madre.
La ley también tiene implicaciones contra la libertad de enseñanza y el desempeño profesional del personal sanitario, al que se le niega la posibilidad de ofrecer alternativas al aborto.
Esta acción pretende que se decrete la inconstitucionalidad de la norma porque sus preceptos «atentan contra normativas de orden nacional y constitucional, que reconocen el derecho a la vida desde la concepción», tal y como ha explicado Claudio Venchiarutti, abogado de la fundación.
Venchiarutti, que también es secretario general del Partido Celeste, subraya que «el reconocimiento de la existencia de la persona humana desde la concepción, dispuesta en el Código Civil, ingresó en el bloque de constitucionalidad en mérito a la jerarquía otorgada a la Convención Americana sobre Derechos Humanos» después de la reforma constitucional del año 1994.
En paralelo a esta acción de inconstitucionalidad, se prepara una querella penal contra el Gobierno de Alberto Fernández por genocidio al entender que «se está impulsando el exterminio generalizado y sistemático de seres humanos inocentes mediante el crimen del aborto, investido ahora de legalidad. Tal proceder resulta a todas luces un crimen de Estado», explica el abogado en declaraciones recogidas por Clarín.
El ministro de Sanidad, Ginés González García reconoció sin pretenderlo que en efecto, se trata de un exterminio al afirmar, el pasado mes de diciembre contra toda evidencia científica, que en un embarazo no hay dos vidas (madres e hijo) sino solo una: «Claramente es una sola vida y lo otro es un fenómeno. Si no, estaríamos ante el mayor genocidio universal«.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
