España
Con el apoyo de Trump, Marruecos se convierte en un centro industrial del Mediterráneo
Enrico Toselli
Fuente: https://electomagazine.it/con-il-sostegno-di-trump-il-mar…
¿El plan Mattei? Operará en sentido contrario al previsto y tendrá a Marruecos como principal protagonista. Una jugada inteligente de Trump, que demuestra que uno de sus principales objetivos es la destrucción de la economía europea, así como la de China. Es por ello que Marruecos está sujeto a los aranceles aduaneros más bajos, con el fin de atraer inversiones europeas y la deslocalización de empresas del viejo continente.
Serán principalmente empresas procedentes de la Europa mediterránea las que se verán impulsadas hacia Rabat y sus alrededores. Así como Italia, Francia, España. La elección de Marruecos como ubicación no es ciertamente nueva, pero la introducción de aranceles aduaneros diferentes entre los países mediterráneos favorecerá, por supuesto, al país norteafricano, que no tiene problemas particulares de orden público, de fundamentalismo o de alianzas peligrosas. Mano de obra más barata y aranceles más bajos para acceder al mercado estadounidense.
Y, por consiguiente, una competencia ganadora frente a una Europa que no ha invertido lo suficiente para estar a la cabeza de la industria mundial y que ha explotado demasiado a sus trabajadores para tener un mercado interior capaz de absorber productos demasiado caros.
Sin olvidar las relaciones internacionales. Europa se ha encerrado en su fortaleza, dejando fuera a todo aquel que no formara parte de un Occidente autorreferencial y carente de dinamismo. Un Occidente que hoy se divide internamente y cuyos componentes se traicionan entre sí.
Y Marruecos está dispuesto a aprovecharlo. Ante la negativa de Italia a desempeñar un papel en el Mediterráneo, es inevitable que surjan otros actores. Desde Turquía hasta Marruecos, la costa sur ocupa el primer lugar en toda la zona.
Traducción: Carlos X. Blanco
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
