Opinión
Consejos médicos ofrecidos por un médico, dado que las autoridades sanitarias no los ofrecen por miedo a perder tu voto
Me vas a permitir, lector, que exponga unos consejillos para cuando debas consultar a un médico. Y como me gusta tirar de retranca, aquí te dejo, con mucho respeto y cariño, 15 sencillas verdades:
1º: Salvo urgencia o emergencia, es bueno acudir al médico con cita. ¿Se te ocurriría, lector, presentarte en el aeropuerto y exigir que te suban al avión sin haber sacado antes un billete? Y a la consulta de tu médico ¿sí te parece bien?
2º: Llevas razón, lector. Es cierto que hay demora para acceder al médico. Es intolerable que la cita para tu médico de cabecera, o para tu pediatra, tarde siete, diez o quince días. Y es intolerable que la cita a un traumatólogo tarde seis meses. Pero el Departamento de Duelos y Quebrantos, sección de Gritos, no se encuentra en el Centro de Salud. Para expresar tu justificada indignación, acude a los organismos oficiales o al libro de reclamaciones. Ah. Y toma nota a la hora de votar.
3º: Es costumbre iniciar la entrevista clínica contándole al galeno los síntomas que padeces. Comenzar la entrevista por el final, indicándole a tu médico el tratamiento que debe prescribirte o la baja que debe darte, es algo irracional y peligroso. Un ejemplo: si a tu domicilio, lector, acude un técnico para arreglar el aire acondicionado… ¿le vas explicando los pasos a seguir, o le dejas hacer su trabajo? Pues con tu médico, igual.
4º: Decirle al médico que es un cabrón, o un medicucho, o lanzarle un florero a la cabeza, podría descentrarlo un poco. En dicha situación es posible, incluso, que no te atine con el diagnóstico.
5º: Aunque parezca increíble, amigo lector, existen infinidad de enfermedades que un médico puede sospechar, o incluso diagnosticar, tan sólo con lo que tú le cuentas y con la exploración que te hace. Te lo digo buscando tu bien: no siempre hace falta un análisis, o una radiografía, o un TAC, o una resonancia. Por eso afirmaba Marañón que el único instrumento imprescindible para pasar la consulta es una silla.
6º: Los “chequeos” anuales en personas sanas no sirven para nada, salvo para alarmar innecesariamente al paciente con falsos positivos. Hay pocas excepciones a esta regla general: mamografías periódicas, citologías vaginales periódicas, sangre oculta en heces a partir de los 50 años, examen dental anual y algunas otras. Antes de exigir… pregunta.
7º: Las radiografías no son curativas. Si ya sabes que tienes una artrosis de columna, o de cadera, o de rodilla… ¿para qué esa insana insistencia en irradiarte una y otra vez? Créeme, lector: el cáncer que puedes agarrar por irradiarte es mucho más peligroso que la artrosis que padeces.
8º: Las analíticas tampoco son curativas. Hay que hacerlas cuando el médico lo considera necesario. Pero si te hartas a diario de cubatas y cerveza, ¿a qué venir cada dos meses a pedirme una analítica? ¿Para saber el momento exacto en que empieza la cirrosis? ¿Para irte inscribiendo ya en la lista de espera para el trasplante de hígado? Mejor, deja de beber y se acabarán tus preocupaciones.
9º: Los valores de las constantes vitales y de los parámetros clínicos que pedimos en las analíticas no los escoge a capricho cada ciudadano, sino que oscilan en un rango que el médico conoce por su profesión. Ha costado siglos que la ciencia determine esos valores para que ahora vengas tú, querido lector, y “democratices” su uso. ¿Qué es eso de que 37º es fiebre para ti, pues tu temperatura normal es de 34? ¿Qué es eso de que 120/70 es una tensión alta para ti, que siempre tienes 100/50? ¿Qué es eso de que 300 de colesterol es poco para ti, pues lo sueles tener en 400? Si los valores de las constantes vitales fuesen “a la carta” no habría cabeza humana que pudiera abarcar la carrera de medicina.
10º: No, querido lector. Te he dicho mil veces que no hay medicinas útiles para la calvicie. Cuando la cabeza de Julio Iglesias tenga pelos… ven a mi consulta a preguntar.
11º: Lo de las “defensas bajas”, a pesar de lo que digan los anuncios de Actimel, es otra leyenda urbana. Salvo que tengas el SIDA, o estés inmunosuprimido tras un trasplante, o te estén administrando quimioterapia por un cáncer, si te encuentras triste y abatido o si te resfrías varias veces en invierno… seguro que no será por tener “las defensas bajas”. Créeme, lector. Te ahorrarás pinchazos inútiles y muchos gastos en polivitamínicos que no sirven para nada.
12º: Si fumas… toserás, escupirás y te resfriarás muchísimas veces. Eso es un axioma inexorable que ni Jesucristo redivivo te lo va a solucionar. Si fumas, son inútiles los jarabes para la tos y son absurdas las múltiples consultas que me haces para recordarme que no se te quita la tos. Eso sí: tal vez tengas los pulmones tan destrozados que necesites un tratamiento para la EPOC. Céntrate en eso y en dejar de fumar.
13º: “La tiroides” no engorda, ni tampoco engorda “el cambio de metabolismo”. En el 99% de los casos lo que engorda son las aceitunitas que picoteas, la Coca-Cola que paladeas, la cervecita que bebes, los helados que te zampas, los quesos y las morcillas que engulles, los ataques nocturnos a la nevera y la falta de ejercicio físico. ¿No has notado, lector, que en Somalia y en Etiopía no hay obesos? Pues bien: allí también hay cambios de metabolismo y problemas de tiroides. Lo que no hay es comida.
14º: Querida adolescente: si acabas de echar un polvete y aún tienes las piernas temblando, no hace falta que consultes en Urgencias para hacerte “la prueba del embarazo”. Más bien, digo yo, pide la píldora postcoital en una farmacia o, mejor aún, utiliza siempre un método anticonceptivo seguro y continuado.
15º: Un último favor, lector: si ya te ha diagnosticado el panadero… ahórrate el viaje a mi consulta para una segunda opinión. Házsela al frutero de la esquina. Y si ya te has diagnosticado tú a través de Google y de Yahoo! ahórrate venir a mi consulta para una segunda opinión. Házsela a TikTok.
Y recuerda, amigo mío, que los dos únicos ingredientes obligatorios para que la relación entre el médico y el enfermo sea satisfactoria son la confianza mutua y el respeto mutuo. Ni más, ni menos.
Siempre a tu servicio.
Firmado:
Médico y escritor malagueño.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
