Sociedad
Contra el mestizaje forzado por la economía mundializada, destructora de los pueblos y las culturas
Richard Mc Culloch (R).- Contra el mestizaje forzado por la economía mundializada, destructora de los pueblos y las culturas.
I – Todas las razas tienen el derecho de ser únicas y distintas, de ser ellas mismas y de amar, valorar y estar orgullosas de ser lo que son.
II- Todas las razas tienen el derecho de ver su existencia y su identidad reconocidas, respectadas y protegidas, de definir, de afirmar y de celebrar su existencia y su identidad, y de promover sus derechos y sus intereses legítimos.
III- Todas las razas tienen el derecho de tener una vida racial, el derecho de existir tal como son
y de preservar lo que son, el derecho de existir como forma de vida separada, y el derecho a las condiciones que necesita para seguir su vida, su existencia y su evolución.
IV- Todas las razas tienen el derecho a la independencia y a la autodeterminación, a la libertad racial, al desarrollo separado, al control exclusivo de su propia vida y existencia, de su propio porvenir y destino, sin dominación, control o interferencia de otras razas.
V- Todas las razas tienen el derecho a su propio espacio o territorio, a poseer su propio hogar racial, a existir en el interior de fronteras seguras. Todas las razas tienen el derecho de gozar de su propio país, separado y exclusivo de otras razas, como condición requerida para su vida y su independencia.
VI- Todas las razas tienen el derecho de gobernarse ellas mismas, de tener su propio gobierno soberano y ser plenamente independiente para gobernar su propio país, su propia vida y existencia, y determinar su propio porvenir.
VII- Todas las razas tienen el derecho al afecto y a la lealtad, al amor y al cuidado de sus miembros, y este derecho tiene preeminencia sobre toda ideología o sistema de creencias y de valores que fomentara la disidencia o la falta de lealtad o que censurara el amor y el cuidado a la raza.
VIII- Todas las razas tienen el derecho de tener el control exclusivo de la creación, la educación, el desarrollo y la instrucción de sus propios niños, de controlar su propia reproducción, la renovación de su propia vida racial, la transmisión de sus genes y de su cultura a las generaciones siguientes sin interferencias de parte de otras razas.
IX- Todas las razas tienen el derecho a la integridad racial, a la exclusividad, al aislamiento para su reproducción y a la separación geográfica, a ser libres, sanas y protegidas de los efectos racialmente destructores del mestizaje y de la colonización racial.
X- Todas las razas tienen el derecho a poseer los productos materiales de su propia creación, y a utilizarlos en su propio beneficio, protegidos de toda reivindicación de otras razas.
El reconocimiento y la defensa de los derechos de las razas enumeradas aquí requiere el apoyo a algunas creencias éticas, valores, orientaciones y posiciones, y la práctica de ciertos principios éticos, que incluyen lo siguiente:
1 – El apoyo al principio ético según el cual ninguna raza debe ser la esclava o servidora de otra, que todas las razas son un fin en sí mismas y no un medio para los fines de otras, que deben servir y beneficiar a sus propios fines y no a los de los demás, y que ninguna raza debe interferir o influenciar indebidamente en los asuntos o el desarrollo de otras razas.
2- La oposición a todas las doctrinas o formas de supremacía racial, dominación o esclavitud, por las cuales una raza es soberana, dominante o dueña de otra, y reina, gobierna, domina o controla otra raza, total o parcialmente, de una manera manifiesta o disimulada, por la fuerza o la astucia.
3- El apoyo al principio moral de reciprocidad como base de relaciones entre las razas, que reconoce los mismos derechos a todas las razas (la «Regla de Oro» de las razas).
4- La oposición a todas las formas de invasiones, de migraciones o de movimientos violentos o pacíficos por los miembros de una raza que entren en el espacio vital, territorio, país u hogar establecido y reconocido de otra raza.
5- La oposición y el rechazo de todas las reivindicaciones que pretendan transferir la riqueza de una raza a otra o las reivindicaciones de un apoyo material de una raza a otra, como también las indemnizaciones por supuestos perjuicios pasados o por cualquier otra razón.
6- El rechazo del concepto de «culpabilidad colectiva», que considera a todos los miembros de un grupo racial, religioso, nacional o étnico como responsable por los perjuicios cometidos por algunos miembros del grupo, y por lo tanto obligados a pagar indemnizaciones y ser objeto de castigos.
7- La oposición a cualquier forma de genocidio, destrucción o debilitamiento de una raza, ya sea con o sin el consentimiento o la cooperación de las víctimas, ya sean infligidas por otras razas o autoinfligidas, o una combinación de ambas, que incluya lo siguiente:
a-Toda acción política, sistema de valores o condición que impida, obstaculice, restrinja o desanime la buena reproducción de una raza.
b-Toda acción política, sistema de valores o condición de vida que niegue a una raza las condiciones que necesite para su vida y su bienestar, en particular las condiciones del multiculturalismo que niega a las razas las condiciones de aislamiento racial que necesitan para su buena reproducción, protegidas de los efectos racialmente destructivos de la mezcla racial.
c- Toda acción política o proceso de desposesión racial, desplazamiento o sustitución, por los cuales los miembros de una raza penetran o son animados a penetrar en el espacio vital, territorio u hogar establecido, claramente definido y reconocido de otra raza y la desposeen, la desplazan o la sustituyen.
d – Toda acción política, proceso o condición que resulte de una acción humana y que tenga como resultado empequeñecer o disminuir la existencia de una raza o de alterar, deformar o diluir sus rasgos y caracteres raciales, a corto o largo plazo, para la generación existente o para las generaciones por venir.
e – Toda acción política, proceso, sistema de valor o condición que valore, fomente o tenga por efecto reforzar la práctica racialmente destructiva de la mezcla racial.
f – Toda acción política, proceso, sistema de valor o condición que tenga por efecto separar a las personas de su raza, mentalmente o realmente, físicamente o por la represión de su afecto y su lealtad, y por la transferencia de su afecto y su lealtad a otra raza.
g – Toda acción política, proceso, sistema de valor o condición que se oponga, combata o desanime la preservación de las razas, la continuación o la renovación de las razas.
h – Toda utilización de alegaciones de perjuicios pasados para negar a una raza sus derechos vitales, para el presente o el futuro, las condiciones que necesita para vivir y preservar su existencia, en particular su propio territorio exclusivo y su separación y su independencia respecto de otras razas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
