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Opinión

Contra los Usías del NOM: Evacuación y victoria

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- Confieso que tengo una cierta proclividad a explicar las más enrevesadas estructuras de la sociedad humana y las más  pasmosas realidades de la actualidad española echando mano de medios sencillos: desde una modesta regla de tres, hasta un chascarrillo campechano; desde uno de esos cuentos con moraleja que tanto se estilan hoy día, hasta la anécdota personal o alguna frase significativa de una película famosa.

Es la eterna historia de David y Goliath, pues enarbolando una sencilla honda de pastor se incluso se pueden dar pedradas como panes a ese gigante totalitario que va eliminando progresivamente nuestras libertades, a ese elefantiásico entramado de plutócratas psicopáticos que dirigen el mundo hacia el nauseabundo estercolero del Nuevo Orden Mundial.

¿Qué es el NOM? En muchas ocasiones, mi madre me contó la historia de un antepasado mío, un cultivado viajero amante de la escritura, que cierto día llegó a un pueblo de la sierra de Aracena. Encontrándose de repente con una urgente necesidad evacuatoria, buscó por el villorrio un lugar discreto donde hacerlo, pero, ante la premura, lo hizo en un paraje que no gozaba de tanta discreción. Alguien le vio, y le denunció al Ayuntamiento, que no tardó en castigarle con una multa.

Ante esto, mi antepasado escribió un poema irónico donde venía a quejarse de que las ordenanzas municipales no le permitían evacuar en ningún lugar, porque siempre había algún inconveniente. Recuerdo unos versos que decían: “Si lo hago en el muladar, es alevosía; si en un pajar, es descortesía…”,  y seguía así, hasta que, en un final verdaderamente apoteósico, remataba diciendo: “Así que no tendremos más remedio, que cagarnos en usía”. Genial.

¿Qué tiene esto que ver con el NOM? Pues traduciendo la metáfora de la historia, la mejor manera de definirlo es describiendo un mundo donde han prohibido cualquier crítica a sus postulados ideológicos, cualquier denuncia del pensamiento luciferino con el que quieren adoctrinar a las aborregadas poblaciones que dominan con mano de hierro: es delito hablar contra el feminismo que criminaliza al hombre –¡machista!–, contra la nefasta ideología de género –¡homófobo!–, contra la inicua memoria histórica –¡facha!–, contra el yihadismo islamista –¡islamófobo!–, y ahora, con la aprobación del pernicioso Pacto Global de la Inmigración elaborado por la ONU luciferina, también será delito pronunciarse en contra de la inmigración ilegal. No es que te insulten solamente, no: es que será un delito criticar todas estas realidades con las que se busca implementar  el Gobierno Mundial.

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Ya tenemos aquí a pleno rendimiento el mundo distópico creado por George Orwell en su novela “1984”, y la no menos abracadabrante sociedad que Ray Bradbury ideó en su “Fahrenheit 451”. Está por todas partes, y en breve llegará hasta Marte, pero España –país único en la historia donde se ha dado por dos veces el caso de un gobierno donde cohabitan separatistas con comunistas– es en la actualidad el más perfecto paradigma de globalismo y totalitarismo luciferino que puede contemplarse, constituyendo el ejemplo más preclaro de lo que es una sociedad orwelliana, donde ya no se pueden evacuar ideas contrarias al sistema sin que te cierren el twitter, te bloqueen el Facebook, te denuncien por incitación al odio, te cierren una web sin mandato judicial, te anuncien en las redes sociales que te van a matar, te pongan una multa…  eso sí, puedes entrar en cueros en una iglesia y gritar obscenidades, que eso es libertad de expresión.

España, España de mis amores, sometida a una pavorosa manipulación de la información, a una amenaza horrenda de ser invadida por millones de inmigrantes de allende el Estrecho. Quién lo iba a decir, de un país que derrotó a la musulmanía invasora en las Navas de Tolosa y El Salado, que tanta sangre derramó para reconquistar su identidad nacional, sus territorios y su fe.

España de mis entretelas, sometida a una vigilancia policial que encarna a la perfección el horror apocalíptico de las peores distopías que en el mundo han sido o se han inventado: aquí tenemos ya el “Ministerio de la Verdad”, que manipula a su antojo la historia para que coincida con la versión oficial elaborada por el Estado, y también es una apocalíptica realidad la “Thinkpol” –la “Policía del Pensamiento” que imaginó Orwell–, que incluso nos prohibirá evacuar fuera de los lugares y momentos que se nos dicten por decreto-ley. Y a los disidentes, nos encerrarán en las “checas” de las fatídicas “habitaciones 101”, para que no digamos cuántos abortos se deben a las inmigrantes, cuántos casos de violencia de género se deben al machismo de los foráneos, cuántas “manadas” de inmigrantes cometen delitos de abuso sexual, cuántas ayudas públicas van a parar a ellos con preferencia a los españoles, cuánto fundamentalismo se predica en las mezquitas, cuánto ganan los empresarios explotando a tanta mano de obra esclava…

Ante este totalitarismo cuya pestilencia llega a Marte, ante este insoportable hedor a España descompuesta y putrefacta, ante estas vaharadas sulfurosas que nos arrojan las tolvaneras desde las cloacas del NOM, también hemos de combatir en ellas, en las sentinas de España, convirtiendo las alcantarillas en campo de batalla para defender nuestra Patria, evacuando sobre esta chusma de usías y vendepatrias toda la bilis de nuestra sangre española.

Parafraseando la película “Evasión o victoria”, defender allí a España sería más civilizado que hacerlo en hemiciclos illuminati.

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Ellos pueden evacuar en nuestra bandera, orinar en un templo, sonarse los mocos donde les plazca, escupir a las tumbas de nuestros héroes, defecar en la Hispanidad. En cuanto a mí, dado el totalitarismo al que me someten, dedico al triángulo bermúdico Soros-Pedrito-Turrión los siguientes versos: “Si critico las leyes de género es homofobía, si protesto por la memoria histórica es franquía, si desapruebo el feminismo que criminaliza al varón es patriarquía, si cargo contra el Gobierno no es democracía, si denuncio la inmigración ilegal es xenofobía… así que no tendré más remedio que cagarme en usía”.

 

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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