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Europa

Cortan 30 minutos el tráfico aéreo en aeropuerto de Newark por drones

AGENCIAS

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El aeropuerto internacional de Newark, en el estado de Nueva Jersey y muy cercano a Nueva York, suspendió este martes durante unos 30 minutos el tráfico aéreo tras la detección de un dron que volaba a gran altura a unos 22 kilómetros de la zona, informaron las autoridades.

La Administración Federal de Aviación (FAA, en inglés) detalló que las tripulaciones de dos aeronaves con destino Newark detectaron sobre las 17.00 hora local (23.00 GMT) el dron, que volaba a unos 1.000 metros de altura sobre el aeropuerto de Teterboro (Nueva Jersey).

La FAA prohíbe el vuelo de pequeños drones por encima de los 120 metros y a una distancia inferior a ocho kilómetros de cualquier aeropuerto.

Tras una interrupción de unos 30 minutos, el aeropuerto de Newark, que sirve a la ciudad de Nueva York, restableció su actividad.

Pese al breve lapso de tiempo con el tráfico cortado, los aviones con destino a Nueva Jersey fueron retenidos en tierra en sus respectivos aeropuertos de origen para restablecer el plan de vuelo, afectado por el parón, según un responsable del aeropuerto de Newark citado por el canal.

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Un total de 20 vuelos de los aproximadamente 60 que tenían previsto aterrizar entre las 18.00 y las 19.00 hora local (+5 horas GMT) volaban con retraso y cuatro fueron cancelados.

El pasado 20 de diciembre el aeropuerto londinense de Gatwick, el segundo del Reino Unido después de Heathrow, vivió una situación de caos después de que la aparición de dos drones cerca de la pista obligara a suspender los despegues y aterrizajes, lo que afectó a miles de pasajeros y a más de 240 vuelos.

A raíz de aquel suceso, todos los aeropuertos del Reino Unido deben contar con tecnología para evitar incidentes relacionados con drones, señaló el ministro de Defensa británico, Garvin Williamson.

Para Williamson, que los aeródromos británicos inviertan en tecnología para detectar estos aparatos voladores es algo «lógico» y que «todo el mundo espera que hagan».

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España

Lo único bueno que nos trae Europa: retuercen el brazo a Sánchez para aumentar el gasto en Defensa

Redacción

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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado

La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas

Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.

El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.

El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.

El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.

La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.

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Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.

Modernización total

El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».

Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española

 

Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».

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Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.

El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.

Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.

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