Sucesos
Crimen de Alcácer: Las nuevas pistas y la reactivación de la búsqueda de Antonio Anglés
La Policía Nacional y la Europol solicitan la colaboración ciudadana en toda Europa para localizar a Antonio Anglés. El juzgado de instrucción número 6 de la localidad valenciana de Alzira, que mantiene abierta la investigación del caso, ha dado autorización para que se emplee el perfil del presunto autor material del triple crimen de las niñas de Alcàsser, cuyo rostro volverá a los carteles de los fugitivos más buscados cuando se cumplen 29 años del asesinato de Toñi, Miriam y Desirée.
Casi tres décadas después de los asesinatos de Toñi, Desirée y Miriam, las niñas de Alcàsser, el Grupo de Localización de Fugitivos de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado Central de la Policía Nacional prepara una campaña divulgativa a nivel europeo para reactivar la búsqueda del presunto autor material del triple crimen.
El juzgado de instrucción número 6 de la localidad valenciana de Alzira, que mantiene abierta la investigación del caso, ha dado autorización para que se emplee el perfil de Antonio Anglés en una operación para localizar al fugitivo, dado que, según el escrito remitido al Juzgado, es «una persona de gran interés policial sobre el que, tras diversas gestiones, no ha podido establecerse su localización».
El rastro de Antonio Anglés se perdió en 1993 en la bahía de Dublín, cuando viajaba como polizón en un barco. El pasado mes de septiembre, un oficial del ‘City of Plymouth’ confirmaba que el presunto autor del triple crimen, al que se le atribuyen los delitos de rapto, violación, asesinato, inhumación de cadáver y tenencia ilícita de armas, estuvo a bordo de la embarcación. El oficial aseguró que Anglés huyó en aguas irlandesas y evadió el cordón policial en el puerto de Dublín, desmontado de este modo una de las principales hipótesis de la investigación, que sostiene que el fugitivo murió ahogado.
Nuevas pistas
La reactivación de la búsqueda a nivel europeo llega tras la la petición de una de las acusaciones particulares de analizar pelos hallados recientemente en los cuerpos de las víctimas. Además, hace unas semanas, la magistrada del Juzgado de Instrucción número 6 de Alzira ordenaba examinar de nuevo los vehículos de los dos autores materiales del triple crimen. El objetivo, dar con restos biológicos de alguna de las menores.
A punto de cumplirse 29 años de la desaparición
Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández tenían entre 14 y 15 años cuando fueron secuestradas, violadas y torturadas hasta la muerte. Las jóvenes fueron vistas por última vez el 13 de noviembre de 1992 cuando se dirigían desde Alcàsser, la localidad valenciana donde residían, a la discoteca Coolor, en Picassent.

Las tres niñas de Alcàsser.
Hicieron autoestop y, a la salida de su pueblo, una pareja, Francisco Hervás y Mari Luz, las recogió y las dejó en la gasolinera Marí Picassent. Allí, una vecina aseguró haberlas visto subirse a un coche blanco con cuatro personas a bordo. Pero las jóvenes nunca llegaron a la discoteca. Su rastro se desvaneció.
Comenzaba entonces una intensa búsqueda que terminó dos meses después, el 27 de enero de 1993, cuando dos apicultores hallaron los cadáveres semienterrados de las jóvenes en un paraje de difícil acceso conocido como La Romana, el mismo en el que, en 2019, una pareja encontraba restos óseos que pertenecían a una de las niñas.
Miguel Ricart y Antonio Anglés
El 5 de septiembre de 1997, Miguel Ricart fue condenado a 170 años de prisión como autor de tres delitos de asesinato y cuatro continuados de violación, en concurso con tres delitos de rapto. El 29 de noviembre de 2013, con 44 años, Ricart salió de la cárcel después de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos anulara la doctrina Parot.
Antonio Anglés, considerado autor material de los hechos, se fugó antes de ser detenido. Ahora, veintinueve años después del triple crimen de las niñas de Alcásser, su rostro volverá a los carteles de los fugitivos más buscados de toda Europa.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
