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Cuando la ideología de género se estrella contra la Realidad: Ex Campeonas del Mundo de la Selección de Estados Unidos desafiaron a un club de cuarentones de Gales: Perdieron 12 a 0
Una vez más quedó demostrado que el Fútbol Femenino no tiene que mezclarse con el Fútbol Masculino, y deja en evidencia lo peligroso que es permitir que hombres biológicos compitan en ligas femeninas.
Un conjunto de ex jugadoras Campeonas del Mundo de la Selección de Fútbol Femenino de Estados Unidos decidieron competir en un torneo de fútbol independiente en Carolina del Norte donde hay equipos de ex futbolistas mujeres y varones.
Por la primera fecha de esta competición, las futbolistas se enfrentaron al Wrexham, un club de Gales del que es dueño el actor de Hollywood Ryan Reynolds. Sin embargo, no jugaron los futbolistas profesionales del equipo de la 4ta división de la Liga inglesa, si no que jugaron ex futbolistas de este club, con un promedio de edad de 43 años.
Las mujeres estaba muy confiadas, y minutos antes que empiece el partido, la Campeona de la Copa del Mundo Femenino y de la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos, Heather O’Reilly, grabó un video insultando a Ryan Reynolds y diciendo que iban a “aplastar” a su equipo de fútbol.
“Primero, deberías estar aquí Ryan Reynolds, con tu equipo. Segundo, tu equipo está por caer aplastado por nosotras en la copa de Carolina del Note. ¡Vamos!“, aseguró ante una cámara O’Reilly, ganadora de 3 medallas de Oro con la Selección y el Mundial del 2015.
A pesar de todo el aliento, las ex Campeonas del Mundo cayeron por 12 goles contra 0, a manos de un grupo de cuarentones que se retiraron hace más de una década del fútbol profesional.
Cabe aclarar además que el partido duró solamente 40 minutos, y no 90 minutos como los partidos reales, lo que abre la pregunta cuántos goles hubieran metido los hombres si se jugaba un partido completo.
También es importante decir que a pesar de que están retiradas, estas son algunas de las mejores futbolistas femeninas del mundo, mientras que los hombres ni en su mejor momento jugaron ni siquiera en Primera División.
Afortunadamente este tipo de encuentros ayuda a mostrar que los hombres y las mujeres son diferentes y tienen diferentes niveles de habilidad para cada deporte. Además, esto también prueba lo poco realista que es pedir por fútbol mixto a nivel profesional, y menos todavía que hombres biológicos compitan en fútbol femenino por auto-identificarse como “transgénero”.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
