Sucesos
Darwin tenía razón: sobreviven los más aptos. Muere Hana Horka, cantante que se contagió deliberadamente de COVID y sin estar vacunada
La cantante checa Hana Horká, del grupo de folk Asonance, falleció a los 57 años de edad el pasado domingo, a causa de complicaciones derivadas por la COVID-19, según revela AFP.
En declaraciones a la radio checa ‘iRozhlas.cz‘ su hijo, Jan Rek, manifestó que su madre se negó a recibir la vacuna contra el coronavirus y contrajo deliberadamente el virus con el objetivo de obtener el certificado de vacunación. «Ella decidió vivir normalmente con nosotros y prefirió contraer la enfermedad» expuso Rek. Además, tanto él como su padre también se contagiaron por COVID-19 durante las pasadas Navidades.
Sobre la posición de su madre con respecto a las vacunas, Rek señaló al movimiento antivacunas fomentado por figuras locales como posible responsable de la opinión adoptada por Horká. «Sé exactamente quién forjó su opinión. Me entristece que haya creído más en los extranjeros que en su propia familia«. Por otra parte, apuntó a la «desinformación local» y a las opiniones existentes sobre la «inmunidad natural».
Días atrás, Hana Horká publicó en su perfil de Facebook un texto en el que lanzaba este mensaje. «Sobreviví a Delta. Así que habrá teatro, sauna, teatro, concierto, sauna… y algo de mar urgentemente» expresó.
El certificado COVID, obligatorio en República Checa
Para el acceso a espacios públicos privados, como pueden ser bares, restaurantes, y en los eventos tanto culturales como deportivos, el certificado COVID es obligatorio en todo el territorio checo. Una medida que adoptaron también otros países europeos, como Francia, que fue el último en legislar esta medida.
Por otra parte, ante el incremento de los contagios y de la incidencia acumulada en el país, el Ejecutivo decretó la vacuna obligatoria para empleados públicos como el personal sanitario, asistentes sociales y policías, además de los mayores de 60 años. Sin embargo, según informa ‘EFE‘ será en febrero cuando esta medida sea ratificada una vez que se apruebe el nuevo plan de vacunación.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
