España
De hombres… Y de mierdas
Acabo de ver el trailer del reportaje que ETB emitió el pasado domingo referente a la Guardia Civil, «Un estado dentro del estado», y como no, el mundo neoterrorista de ETA se queja de las supuestas prácticas de presión física cometidas por dicho cuerpo policial.
Estoy hasta el moño de que una organización terrorista, llámese ETA, FRAP, GRAPO, TLL, etc, declare la guerra al Estado, asesine a inocentes cobardemente, cause miles de lesiones graves, cuantiosos estragos materiales, etc…para que después vengan gimoteando ante unos supuestos tortazos que les pudieran dar en un Cuartel o Comisaría.
En esta vida hay que ser consecuente y coherente, y si tú estás dispuesto a matar voluntariamente, tienes que estar dispuesto a morir, o cuanto menos a recibir una paliza por ello. O sea, los terroristas querían y quieren cometer todo tipo de crímenes pero sin jugarse el físico y, por supuesto, beneficiándose de este injusto sistema democrático que solo favorece al que ejerce maldad … qué tipo de «guerra» es esa? la guerra a la carta? Yo mato, lesiono y destruyo pero sin recibir una sola «hostia». Así cualquiera se hace «revolucionario», terrorismo a la carta. Hay que vestirse por los pies y ser un hombre, no como vosotros, que demostrais ser unos MIERDAS.
Al menos, los mal denominados «maquis», una mezcla de bandoleros terroristas, criminales sin escrúpulos, sabían que pagarían con su vida por la comisión de sus crímenes, y aceptaban ese destino.
Un «maquis» en el supuesto de ser atrapado, sabía que precisamente no lo iba a pasar bien, y que acabaría en pocas horas ejecutado sin tanta pantomima judicial.
Era consecuente con el hecho de que sí mataba, acabaría muerto. No recuerdo ningún «maquis» superviviente que en la posterioridad haya estado llorando sobre si lo pasó bien o mal.
De los «maquis», aún siendo unos criminales, puedo decir que tuvieron un comportamiento de HOMBRES, ya que sabían que se jugaban la vida.
Menos lloriqueos, los terroristas rojos y separatistas estáis demostrando constantemente ser unas nenazas, o en resumen, unos MIERDAS, tomad ejemplo de los «maquis» a los que sí puedo calificar de HOMBRES, equivocados, pero HOMBRES.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
