Opinión
¿De qué están orgullosos los españoles?

No soy español. Te contesto como mexicano con familia española, que vive en medio de dos culturas.
España es la nación imprescindible.
El mundo tiene forma de mundo porque España lo hizo. Los gringos son algo celosos y la historia de la hispanidad les encabrona, porque hay medallas que no se pueden colgar.
¿Quién descubrió que el mundo era el mundo? Pues eso. Pero a diferencia de los ingleses que tienen una pinche voracidad que asusta, el español es un pueblo tolerante y se planteó el proyecto más importante de la puta historia: Crear una Nueva España. Un reino renacentista con calles que en esa época eran modernas, con acueductos, con hospitales y universidades.
Hay un antes y un después, y el ¡Tierra a la vista! lo gritó Rodrigo de Triana.
Ahora nos encabrona que no quepan 3 autobuses en esas calles renacentistas, pero eso le abrió la puerta a la modernidad, a la de hoy, a la que vivimos tú y yo.
Mira, esas cosas difícilmente salen bien. España lo hizo funcionar por 300 años. No es poca cosa. La ONU no lleva ni un siglo y ya hace agua por todas partes. La OMS no puede dar más pena. Nuestras democracias llevan menos de 200 años y ya no sabemos cómo parcharlas.
Pero hay un país, chiquito, ahí colindando con África, en donde vive una mezcla de godos con gitanos con moros y judíos, todo mezclado, que se fue por el mundo a difundir su cultura, su lengua, a instaurar sus instituciones y a compartir su sentido del humor y una cierta manera de ver el mundo.
De este lado del charco, esa manera de ver el mundo es la mía, y si hablas español, también es la tuya al menos en parte.
Ahora imagínate que el mundo viviera el monopolio de la cultura inglesa, con su apartheid, sus reservaciones indígenas y sus campos de algodón.
¿Cómo putas no va a tener España de qué estar orgullosa? Italia podría haberlo hecho, pero no lo hizo. Holanda y Bélgica, tan tolerantes para unas cosas, tan abiertos y tan cachas, fueron un horror. Qué bueno que no pudieron ir más lejos, porque no habido brutalidad más cabrona que la de Bélgica. ¿Inglaterra? No, no jodan.
Y aquí estamos nosotros. Inventando leyendas negras para darnos palmadas en la espalda y decirnos que no somos tan pendejos y que la culpa es de otros. Bueno, compartimos con España el gen de la pendejez política, pero de los males el menor. Tampoco las tribus prehispánicas eran miel sobre hojuelas. Ahí sí, ni los belgas le ganaban a los aztecas cuando se trata de brutalidad.
España no tiene la eficiencia del norte de Europa pero tampoco su rapacidad ni su pedantería. Más aventureros que los alemanes, menos culeros que los ingleses; más diligentes que los italianos, menos intelectuales que los franceses. Y más mezclados y tolerantes que todos, desde el Cáucaso hasta Gibraltar. Más, menos; más, menos.
Me voy a servir una copa de Tío Pepe que me acaban de traer. Está de su puta madre. Gustavo Guardiola.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






