Sociedad
Denuncias falsas, el arma de las mal llamadas ‘madres protectoras’ antes de secuestrar a sus hijos
Joel Prieto, el padre de la niña de Tenerife secuestrada por su madre, es una de las últimas víctimas de denuncias falsas por maltrato y abuso sexual, pero no la única. De hecho, este tipo de acusaciones suelen aparecer en muchos casos de sustracción parental perpetrados por la madre.
Durante la investigación de Infancia Libre como organización criminal, la Policía llegó a detectar al menos 50 casos que habían seguido el mismo modus operandi que el de su presidenta, María Sevilla, quien, antes de secuestrar a su propio hijo, también había acusado a su exmarido de abusar del menor. El de Verónica Saldaña, la madre que se fugó a Suiza con sus mellizos de 8 años, es otro de los ejemplos más recientes.
¿De verdad hay tantos hombres en España que abusan de sus propios hijos? Porque, si solo miras las denuncias y no sigues los casos, es un pasada
«¿De verdad hay tantos hombres en España que abusan de sus propios hijos? -se pregunta Joel-. Porque, si solo miras las denuncias y no sigues los casos, es un pasada. Hasta que me sucedió a mí, no tenía ni idea, pero cuando te pasa y te vas informando y ves que hay tantísimas denuncias, te das cuenta de que es imposible«.
La trampa de las estadísticas
Su expareja, Paola Amador, le acusó de haber abusado sexualmente de la pequeña Alena, de tan solo dos años. El juzgado que instruyó el caso desestimó la denuncia al no hallar ninguna prueba y, a pesar de que la madre recurrió su archivo, la Audiencia Provincial también ratificó el fallo. Sin embargo, nadie restaurará su dignidad.
«Y lo peor es que estas denuncias no cuentan en las estadísticas como denuncias falsas, a pesar de que incluso su familia es consciente de que lo eran», lamenta Joel. Para que así fuera, él tendría que iniciar un nuevo procedimiento en el que, además del coste económico, tendrían que practicarse nuevas pruebas.
¿De verdad alguien piensa que, después de ver que un perito judicial le ha abierto las piernas a mi hija de 2 años, tengo ganas de volver a pasar por eso?
«¿De verdad alguien sobre la faz de la tierra piensa que, después de que todo lo que yo he pasado, después de ver que un perito judicial le ha abierto las piernas a mi hija de 2 años para ver si efectivamente le había hecho lo que la madre decía que le había hecho, tengo ganas de volver a pasar por eso? Yo lo que quiero es que me dejen en paz, a mí y a mi niña«, sentencia con la voz quebrada.
Una auténtica pesadilla
Su indignación no es capaz de esconder el dolor que siente al recordar todo lo que ha sufrido y lo que aun hoy sigue sufriendo. A pesar de que es su hija la que ha sido secuestrada, la Policía no le informa de sus averiguaciones, precisamente por la mancha que hay en su expediente. «Como hay denuncias, aunque hayan sido archivadas, hay que mirar quién es el padre y de qué va… Es terrible, de verdad. No sé cómo explicar la pesadilla por la que te hacen pasar«.
Si esto le sucede a una persona que no esté medianamente estable o que no tenga medios, ya te digo yo que es muy fácil terminar quitándose la vida
El infierno al que se ven abocadas las víctimas de este tipo de denuncias falsas es tal, que Joel asegura que es muy fácil caer en el abismo: «Afortunadamente yo tengo los pies en la tierra y tengo mucho apoyo, pero si esto le sucede a una persona que no esté medianamente estable o que no tenga medios, ya te digo yo que es muy fácil terminar quitándose la vida».
¿Madres protectoras?
A su desesperación contribuye, además, la doble vara de medir que está convencido de que hay en estos casos. «Yo tengo muy claro que esto no hubiera sido igual si hubiera sido al revés. Si algo me ha demostrado todo esto es que la Justicia es muy diferente si eres hombre o si eres mujer. La Justicia no es igual para todos», lamenta.
Lo que está promoviendo el Gobierno es que haya más casos como el mío, porque, al final, muchas mujeres dirán… ‘Lo intento y, si no, ya me darán el indulto’
Y la culpa, insiste, no es sólo de los jueces, sino también, y fundamentalmente, del Gobierno. Joel no entiende que la ministra de Igualdad, Irene Montero, se refiera a estas mujeres como «madres protectoras«, pero mucho menos que, como ha sucedido en el caso de María Sevilla, sea el Ejecutivo el que condone la pena impuesta por los tribunales: «Lo único que están promoviendo es que haya más casos como el mío, porque, al final, muchas mujeres dirán… ‘Lo intento y, si no, ya me darán el indulto’«.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
