España
Detenida una asesora de Podemos por secuestrar a su hijo
La Policía Nacional ha detenido a María Sevilla, dirigente de la asociación Infancia Libre, por un presunto delito de sustracción de menores. Se encontraba fugada de la justicia desde septiembre del año pasado por incumplir una sentencia judicial que otorgaba la custodia del menor al padre. Durante la operación se consiguió localizar al niño, sin escolarizar y sin contacto con el exterior, en una finca de un paraje de la provincia de Cuenca.
La investigación se inició el pasado mes de septiembre, cuando la autoridad judicial decretó que se practicaran gestiones para la localización y detención de esta mujer que, tras un procedimiento de divorcio, incumplió una sentencia judicial que otorgaba la custodia de su hijo al padre Rafael.
Según el padre del menor, la operación se realizó el pasado viernes por la noche en una finca de 6.000 metros cuadrados en una urbanización despoblada cerca de Tarancón. La finca se encontraba vallada totalmente con medidas de seguridad que impedían comprobar lo que sucedía en su interior. Tras varias semanas de vigilancia pudieron comprobar, que un varón, actual pareja de la mujer detenida, abandonaba la parcela en algunas ocasiones y realizaba distintas visitas a establecimientos comerciales de alimentación, sin que hubieran observado en ningún momento al menor sustraído.
Los investigadores desplegaron un complejo dispositivo de vigilancia, en el que se utilizó un dron, que les permitió observar cómo, a última hora de la tarde, el hombre daba batidas de vigilancia por el perímetro de la finca, informó Rafael Tras comprobar que no había presencia policial, sacaba al niño a dar un breve paseo junto con su madre y después lo introducían nuevamente en la vivienda. «Estaban encerrados, sólo les sacaban al ocaso», relató Rafael.
Los agentes lograron acceder a la vivienda donde localizaron al menor acompañado por su madre, la pareja de ésta, y un perro de raza peligrosa. «Cuando recogí a mi hijo, sólo llevaba una Biblia», confesó el padre del menor. «Se encontraba en buen estado físico, aunque visiblemente más delgado».
Asimismo, la policía averiguó que también había otra menor de edad en la casa, que resultó ser hija de la mujer y de su actual pareja. La niña se comportaba como si llevase tiempo aislada y llegó a olisquear a los agentes, han detallado fuentes de la investigación.
La madre, que fue detenida por un presunto delito de sustracción de menores, quedó en libertad con cargos y ha reclamado la custodia del menor.
María Sevilla participó en 2017 en un acto con parlamentarias de Unidos Podemos para reclamar al Ejecutivo mejorar la protección a los menores que sufren agresiones o abusos sexuales.
Fuentes cercanas de Podemos aseguran sin embargo que “es falso que María Sevilla ocupe ningún cargo orgánico ni está inscrita” en el partido.
Fuente: La Razón
España
Europa se muere de «multiculturalismo». Matémoslo antes de que nos mate
Pierre Claire.- En 2001, el primer ministro neerlandés Wim Kok gobernaba un país que se enorgullecía de ser el laboratorio mundial del multiculturalismo. Un año después, Pim Fortuyn (sociólogo, antiguo marxista, figura de la ultra derecha neerlandesa que criticaba el multiculturalismo, la inmigración y el islam en los Países Bajos) fue asesinado por haber dicho que el modelo no funcionaba. El debate se cerró antes de empezar, estaba imposible discutir en el paraiso multicultural de Europa…
Ese es el problema central del multiculturalismo como ideología, porque ha vuelto imposible su propia evaluación. Criticar el modelo es estar contra la diversidad según los progresistas. Cuestionar sus resultados es abogar por el repliegue identitario, algo que a algunos les parece detestable y por lo que te insultan.
El multiculturalismo como hecho es interesante con sociedades compuestas por culturas distintas que coexisten, intercambian. El multiculturalismo como dogma es otra cosa con la afirmación de que todas las prácticas culturales valen lo mismo, que exigir una adaptación es una forma de opresión y que señalar las disfunciones equivale a racismo encubierto. Ese deslizamiento entre el hecho y la doctrina es el juego de manos intelectual del que nadie habla.
Es ese dogma el que produjo el escándalo de Rotherham, en el Reino Unido, dónde durante quince años, más de 1.400 jóvenes fueron víctimas de redes organizadas de abuso sexual, bandas de captación formadas principalmente por hombres paquistaníes. Los trabajadores sociales lo sabían. La policía lo sabía. Los cargos electos locales lo sabían. Nadie actuó, por miedo a ser acusado de racismo. El informe oficial de 2014 lo dijo con todas las letras. No fue un fallo de información. Fue un fracaso moral sistémico, producido por una ideología.
El mismo mecanismo explica lo que pasó en Colonia, en diciembre de 2015, con cientos de agresiones sexuales en la Nochevieja, deliberadamente minimizadas durante días por las autoridades alemanas. No por incompetencia, pero por cálculo político. Admitir los hechos amenazaba con estigmatizar a una comunidad. Asi, se silenciaba a las víctimas, y las feministas no decían nada porque los delincuentes no eran los buenos.
La izquierda no puede hacer este balance. Reconocer que el multuculturalismo sin limite produce zonas sin ley, comunidades impermeables a los valores liberales, mujeres abandonadas por el feminismo oficial porque sus verdugos pertenecen a una minoría protegida, sería repudiar treinta años de política identitaria. Un repudio del que ningún partido de izquierda es todavía capaz.
Y sin embargo los hechos se acumulan. En Francia, diversos estudios documentan el retroceso de la convivencia mixta, de la libertad vestimentaria femenina y de la práctica religiosa extrema en ciertos barrios, por la presión comunitaria. En Suecia, la violencia de bandas ha alcanzado cifras récord, concentrada en barrios donde la integración había sido declarada exitosa durante décadas.
La integración exitosa no es el borrado de las culturas. Es la adhesión compartida a una base común de derechos y deberes, que se aplica a todos sin excepción cultural. Exigir el respeto de ciertas valores y leyes no es un crimen racista, sino algo normal…
El verdadero racismo (el que la izquierda no ve) está en el silencio. Tratar a comunidades enteras como menores morales a quienes no se puede aplicar los mismos estándares que al resto no es benevolencia, es condescendencia disfrazada de virtud.
La igualdad real empieza por la exigencia igual. No por la exención permanente.
