Sucesos
Detienen a un moro con antecedentes que esgrimió un machete en las fiestas de San José Obrero en Narón (La Coruña) y cortó a otro joven en una mano. Ya está en la calle
Las primeras fiestas patronales que se celebran en la comarca de Ferrol desde la irrupción de la pandemia se saldaron la madrugada de este sábado con un detenido y un herido. Ocurrió sobre las 5.15 horas, cuando ya había finalizado la primera de las verbenas de la celebración de San José Obrero, en la parroquia del Alto, en Narón. Hubo abarrote total y, teniendo en cuenta que se trataba de la primera fiesta tras dos años de restricciones, seis agentes de la Policía Local estuvieron a pie de celebración durante toda la noche, a los que, a raíz del incidente, se sumaron dos más.
A pesar de que la verbena concluyó a la hora prevista, sobre las 4.15 horas, el desalojo de la zona se prolongó hasta bastante más tarde, debido precisamente a la gran cantidad de participantes. Según la información recogida al respecto, sobre las 5.15 horas un joven se acercó a los policías que estaban de guardia mostrando una mano ensangrentada y les comunicó que lo había agredido otro joven que portaba un machete. Cuando los agentes se acercaron al lugar indicado por el agredido se encontraron con un varón que esgrimía entre los presentes un machete de entre 50 y 60 centímetros de largo. Ante su negativa a soltarlo y el peligro evidente, la policía se vio obligada a apuntarle con la pistola eléctrica, advirtiéndolo de que si no deponía su actitud tendrían que dispararle, ante lo cual depositó el arma blanca en el suelo. Fue detenido y trasladado a las dependencias de la Comisaría de la Policía Nacional de Ferrol-Narón.
El agresor es un joven de alrededor de veinte años que está domiciliado en Ferrol, es natural de Marruecos pero tiene la nacionalidad española y ya cuenta con numerosos antecedentes en esta zona. Se trata de la misma persona que a las 4.30 horas de la madrugada del pasado jueves había sido detenida por la Policía Nacional en la calle Sánchez Calviño, en el barrio ferrolano de Ultramar, por otra gran reyerta que se saldó con dos heridos. El viernes por la mañana fue puesto a disposición judicial y quedó en libertad con cargos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
