Sucesos
Detienen a una cuidadora marroquí que coaccionó a un anciano de 91 años para vender su casa
La Policía Nacional ha detenido en Cartagena a una mujer de 55 años y nacionalidad marroquí que presuntamente coaccionó y estafó a un hombre de 91 del que era cuidadora durante siete años y que, sintiéndose amenazado, vendió su casa para atender las demandas de dinero de la ahora arrestada.
Fuentes del Cuerpo Nacional de Policía han señalado que la investigación comenzó a raíz de la denuncia de una trabajadora de los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Cartagena, que asistió al anciano en el hospital cuando iba a ser intervenido quirúrgicamente al percatarse de la precaria situación social del mismo.
Se entrevistó con él, y pudo averiguar que había vendido la propiedad de su vivienda y entregado el dinero recibido a su cuidadora porque se sentía coaccionado y amenazado por ésta, por lo que rápidamente dio la voz de alerta a la Policía Nacional.
Inmediatamente se hizo cargo de la investigación la Brigada de Policía Judicial de la Comisaría de la Policía Nacional en Cartagena, que consiguió, tras una larga investigación, detener a la cuidadora como presunta autora de un delito de estafa y coacciones.
De la investigación se logró concretar que el anciano había conocido a la presunta autora de los hechos tras publicar un anuncio solicitando los servicios de una persona para que le cuidase, llegando ambas partes al acuerdo de que ella lo cuidaría a cambio de alojamiento y manutención para ella y su hijo adolescente, pero al cabo de los años la cuidadora quería más.
Tras siete años de convivencia entre el nonagenario y su cuidadora, esta mujer comenzó a exigirle al anciano una gran cantidad de dinero, lo que dio lugar a numerosos conflictos entre ambos, ya que no era lo que habían acordado.
Además, el anciano tampoco tenía capacidad económica para poder hacer frente a lo que le demandaba.
Por ello, la mujer dejó de cuidar al hombre, desatendiendo incluso sus necesidades más básicas, volviéndose la convivencia insoportable y generando en el anciano una sensación de indefensión que afectó directamente, al parecer, a su estado físico, psíquico y financiero.
Ante las constantes coacciones y amenazas a las que presuntamente era sometido el anciano por parte de su cuidadora para que le hiciera entrega de una gran cantidad de dinero, al anciano no tuvo otra alternativa que vender su casa en vida con la condición de disfrutarla hasta su muerte para entregarle todo el dinero a la presunta autora de los hechos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
