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Europa

Dinamarca establecerá férreos controles fronterizos para frenar la delincuencia que le llega de Suecia

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En la ciudad de Landskrona, al sur de Suecia —con aproximadamente 35.000 habitantes— se han producido siete explosiones o ataques con bombas desde diciembre de 2018. En agosto, volaron la entrada del Ayuntamiento de Landskrona (en la imagen). (Fuente de la imagen: Mrkommun/Wikimedia Commons)
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Dinamarca introducirá controles en la frontera con Suecia en un intento de combatir una serie de explosiones y tiroteos atribuidos a grupos criminales con conexiones en el país vecino.

La vigilancia especial comenzará el 12 de noviembre y tendrá lugar “varias veces a a la semana”, según ha explicado el ministro de Justicia danés, Nick Haekkerup. Las operaciones se llevarán a cabo especialmente en ferris, trenes y en el puente de Oresund, la gran conexión ferroviaria y por carretera entre ambos países.

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El Gobierno de Copenhague ha citado dos incidentes que han sido la gota que colma el vaso y que representan “serios delitos trasfronterizos, como la explosión del edificio de la Agencia Tributaria y un doble homicidio. Dos suecos están detenidos en espera de juicio por estar presuntamente relacionados con la explosión en la Agencia Tributaria. Desde febrero hemos tenido 13 explosiones en el área metropolitana de Copenhague que han supuesto un peligro para la población”, ha afirmado Haekkerup.

Según informa Europa Press, otras medidas introducidas por el Ministerio de Justicia danés para hacer frente a la situación son el aumento de las cámaras de vigilancia, el endurecimiento de las sentencias por tenencia de explosivos y la creación de una unidad especializada en delitos trasfronterizos.

El Gobierno también planea mantener durante un tiempo los controles en la frontera con Alemania, que se introdujeron en 2016, debido a la crisis migratoria en Europa, aunque en principio se iban a retirar en 2020.

Suecia también impuso en 2015 una serie de controles fronterizos, tras recibir más de 163.000 peticiones de asilo, alegando motivos de seguridad.

Hace unos días, Ulf Kristersson, líder del Partido Moderado sueco, la principal formación de la oposición, escribía un artículo en el diario Aftonbladet, el principal del país, en el que afirmaba que el primer ministro, el socialdemócrata de Steven Löfven, había “perdido el control del país”.

Kristersson explicaba en su texto que dos áreas a las que en el Partido Moderado “prestamos mucha atención son la ley y el orden y la integración. Porque los mayores problemas de Suecia están ahora ahí”:
El año pasado, se produjeron 306 tiroteos y murieron 45 personas por disparos. Según la policía, el número de personas asesinadas se ha duplicado desde 2014. Durante el mismo periodo, el número de personas que han sido sometidas a abusos sexuales se ha triplicado, según el BRÅ [el Consejo Nacional Sueco para la Prevención de la Delincuencia]. (…)

Son necesarias reformas concretas. Las hemos propuesto, y los Socialdemócratas dicen que no (…).
Al mismo tiempo, tenemos una crisis de integración: más de la mitad de los desempleados han nacido fuera de Suecia. En nuestras zonas de exclusión [utanförskapsområden] hay colegios donde ni siquiera la mitad de los alumnos aprueban todas las asignaturas (…) Muchos niños nacidos en Suecia apenas hablan sueco, y existe una amplia represión [en defensa de] la cultura del honor. Sobre esto también hemos pedido reformas, pero los Socialdemócratas dicen que no. (…)

La integración y la inmigración están conectadas. Por lo tanto, se necesita una política sobre inmigración estricta y a largo plazo. Los permisos de residencia temporales y los requisitos de autonomía financiera para la reagrupación familiar deberían ser la regla principal. (…)

Los requisitos del conocimiento del sueco y la autonomía financiera [deberían ser condiciones] para el permiso de residencia permanente.

Tal y como explica la analista Judith Bergman en las páginas de la web del Gatestone Institute de Nueva York, “Kristersson, a diferencia del actual Gobierno sueco, parece haber abierto los ojos a las realidades de Suecia”.

Desde principios de 2019 hasta finales de julio, explica Bergman, ha habido 120 atentados en Suecia, según las estadísticas de la policía. La cifra representa un aumento del 45% respecto al mismo periodo el año pasado, cuando se produjeron 83 atentados. El sur de Suecia se ha visto especialmente afectado, con 44 atentados. “En el presente, sólo podemos especular sobre los motivos. Tenemos un problema agravado con los delitos y la exclusión”, dijo Petra Stenkula, investigadora jefe de la policía en la región del sur. “Es posible que el suministro de dinamita sea bueno, mientras que el suministro sea más limitado hoy en lo que respecta a las armas, comparado con antes”.

Sólo en la ciudad de Landskrona, al sur de Suecia —con aproximadamente 35.000 habitantes— se han producido siete explosiones o ataques con bombas desde diciembre de 2018. En agosto, volaron la entrada al Ayuntamiento de Landskrona.
En agosto, otra ciudad en el sur de Suecia, Linköping, experimentó su segunda explosión este año. La policía encontró un objeto que sospechaban que podía ser un explosivo. Cuando lo destruyó el escuadrón de protección nacional contra bombas, se produjo una potente explosión. Destruyó un almacén de la policía y causó daños a otros varios edificios. A principios de junio, también en Linköping, se produjo una explosión en un edificio de viviendas. Milagrosamente, no murió nadie, pero 20 personas resultaron heridas. La policía sospecha que el incidente estaba relacionado con las pandillas.

La constante inseguridad que estos incidentes generan ha hecho que la demanda de guardas y servicios de seguridad haya aumentado drásticamente. Se ha pedido la contratación de más guardas de seguridad, tanto a las empresas privadas como a los ayuntamientos. Según Hans Tjernström, jefe de prensa de la Swedish Trade Association, un supermercado medio gasta en torno a las 600.000 coronas (62.000 dólares) anuales en guardas y otros artículos relacionados con la seguridad. Según una fuente del sector, en los próximos tres años las empresas de seguridad van a tener que contratar a 5.300 empleados más.

Las violaciones y las agresiones también se han incrementado exponencialmente. Sólo en Uppsala, una pintoresca ciudad universitaria sueca, donde el 80% de las chicas no se sienten seguras en el centro de la ciudad, se produjeron cuatro violaciones o intentos de violación en un plazo de cuatro días. En Estocolmo se produjeron dos violaciones durante el festival juvenil “We are Stockholm”, en agosto, además de otra decena de delitos sexuales. En el festival de verano “Piteå Dances and Laughs”, en Piteå, tuvo lugar otra violación con diez hombres implicados.

En un reciente artículo de opinión en Aftonbladet, Josefin Malmqvist, diputada del Partido Moderado, apeló a Morgan Johansson, ministro de Justicia y ministro de Política Migratoria, a que “parara las violaciones: está dejando abandonadas a las mujeres”. En su artículo, Malmqvist escribió:

“El riesgo de sufrir delitos sexuales ha experimentado un acusado aumento durante el mandato de Johansson como ministro de Justicia: el número de denuncias por violación en 2018 aumentó, por tercer año consecutivo, a las 20 diarias. En lo que va de año, el número de violaciones reportadas ha aumentado un 14% (…) En Suecia —uno de los países más igualitarios del mundo— la libertad de las mujeres está disminuyendo. Que las mujeres no tengan las mismas oportunidades de moverse libremente por las calles y plazas sin tener que preocuparse de ser víctimas de un delito es una grave restricción de la libertad y la autodeterminación de las mujeres. Aunque son cada vez más las mujeres que denuncian delitos sexuales, la tasa de violaciones resueltas sigue siendo terriblemente baja. Un repaso de las violaciones reportadas en los últimos años muestra que sólo cinco de cada cien denuncias por violación se saldaron con una condena”.

Concluyó: “Ha llegado el momento de dejar de hablar y empezar a actuar. El Partido Moderado y los Democratacristianos aumentaron el presupuesto para la policía, pero queda mucho por hacer. En mayo de 2018, una mayoría en el Parlamento aprobó la propuesta del Partido Moderado de endurecer las condenas por violación. Desde entonces, no ha pasado nada. Ya es hora de que el ministro de Justicia empiece a actuar por las mujeres de Suecia”.


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Europa

Hungría, faro moral de Europa: prohíbe a las personas transexuales registrar oficialmente su cambio de sexo

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El Parlamento húngaro ha aprobado este martes una ley que impide modificar el sexo con el que los ciudadanos aparecen identificados en los documentos oficiales, bloqueando así el reconocimiento legal del cambio de sexo, en una medida que afecta a unas 30.000 personas trans en el país.

El cambio legal, impulsado por el Gobierno húngaro, ha sido aprobado gracias a la mayoría absoluta de que dispone el Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orbán. La ley determina que en los documentos oficiales debe registrarse el sexo biológico, determinado por los cromosomas, y que ese dato no puede ser modificado nunca.

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Organizaciones europeas de defensa de los derechos de las personas de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales), como ILGA-Europe y Transgender Europe habían pedido que se retirara la propuesta al entender que aumentará la «discriminación y violencia» que sufren las personas transexuales.

También habían protestado la comisaría de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Dunja Mijatovic; el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, y diversas ONG y partidos de la oposición húngaros.

Las críticas se centran en que la nueva legislación dificultará la vida de mucha gente, que tendrán que explicar las contradicciones entre sus documentos y su identidad o que, por ejemplo, serán hospitalizadas en alas que no corresponden con su identidad sexual. El Gobierno de Orbán afirma que, pese al cambio legal, las personas trans podrán vivir su vida y expresar su identidad tal como lo han hecho hasta ahora.

La Sociedad Háttér, de defensa de los derechos LGBTI, ha denunciado que se trata de una ley inconstitucional y que pedirá al presidente que no firme la ley y la recurra ante el Tribunal Constitucional. Aseguran también que contradice la normativa internacional en derechos humanos. Amnistía Internacional ha calificado la reforma de «escandalosa» y ha denunciado que «empuja a Hungría de vuelta a la Edad Media».


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Europa

(VIDEO HIJAS DE EUROPA) Tommie Lindh: el héroe de 19 años que murió apuñalado evitando la violación de una niña de 14 años y del que la #PrensaAmaestrada no habla

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Tommie Lindh ha muerto.

Y a nadie parece importarle: solo a unos pocos a los que la prensa mansa, apesebrada, aleccionada, mamporrera y obediente del poder socialista en boga en toda Europa califica de “fascistas”, “ultraderechistas” y “racistas”. ¿No les suena de algo?

Tommie Lindh tenía 19 años y vivía en Suecia, en la ciudad de Härnosand. Una ciudad que debido al perenne y corrupto Gobierno izquierdista sueco, se ha visto, como casi toda Suecia, invadida por lo peor de la inmigración islámica radical, como aquí el innoble animal Abubaker Mohamed, el asesino y violador con antecedentes de agresión, violencia y asalto sexual. Gracias a las bondades del Gobierno Sueco, se movía en completa libertad. 

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Abubaker Mohamed

Aquí tienen el enlace directo al muro público del asesino en Facebook: no sabemos cuanto durará, pero no parece que la policía sueca quiera o haya pedido suspenderlo, suponemos que para no “coartar” los derechos de Abubaker Mohamed.

Cuando vio lo que ocurría, se lanzó valientemente contra el agresor, que intentaba violar a una muchacha de apenas 14 años. El perro sarnoso, loco de rabia, apuñaló repetidamente a Tommie Lindh, hasta que cayó muerto, y ni las asistencias ni los médicos pudieron hacer nada por el.

La policía sueca tiene órdenes políticas de ocultar a la prensa y a la sociedad estos crímenes, para así no “provocar odio”. Enferma y nauseabunda es la sociedad que, para evitar el odio, silencia los crímenes ¡En lugar de impedirlos!

Hoy, la Hermandad Española de las Hijas de Europa le dedican un vídeo a su memoria imperecedera: nos unimos al pésame a su familia y honramos la memoria de este joven mártir sueco, que dio la vida por defender la de una inocente.


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Europa

En Bélgica caen como moscas: “Coronavirus: la masacre belga”

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Ministro belga (el que protege a Puigdemont, por cierto) demuestra su absoluta incapacidad para ponerse una mascarilla.
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Por Drieu Godefridi.- (*)

Aún es muy pronto para hacer una evaluación definitiva sobre la gestión del covid-19 en cada país, pero una cosa está clara: Bélgica está viviendo una auténtica masacre.

Todo empezó en 2015, cuando el Gobierno del primer ministro Charles Michel (actual presidente del Consejo Europeo) decidió destruir todo el ‘stock estratégico’ del país –63 millones de mascarillas, entre las cuales figuraban las tan valiosas FFP2–, cuidadosamente almacenado por el Ejército en un cuartel de Belgrade (Namur), porque estaba «desfasado», según declaró la ministra de Sanidad, Maggie de Block, que aún sigue en el cargo. «Para nada», afirmó el principal sindicato del Ejército; «esas máscaras fueron incineradas… para hacer sitio a los refugiados». En 2015, Bélgica y Europa se vieron inundadas de inmigrantes por la invitación a acudir al continente que les cursó la canciller alemana, Angela Merkel, y tanto las leyes de la UE como la Convención Europea de Derechos humanos hicieron materialmente imposible rechazarlos.

Todo el stock estratégico fue incinerado, sí; y nunca fue reemplazado, otra decisión de De Block que, dada la frecuencia con que se producen epidemias y pandemias, equivale a un crimen. «Gobernar es prever», que dijo Emile de Girardin.

Así que cuando la pandemia del coronavirus se extendió por Bélgica, este desgraciado país apenas tenía máscaras: ninguna para los ciudadanos, ninguna para la Policía, ninguna para las residencias de ancianos y casi ninguna para los hospitales.

La pandemia hizo erupción mucho antes en Italia que en Bélgica. El norte de Italia, tan ligado a China por medio de las industrias textil y de la moda, fue el epicentro de la pandemia en Europa. El 31 de enero Italia prohibió los vuelos procedentes de China, decisión lamentablemente tardía, y el 21 de febrero varias localidades del país transalpino quedaron completamente confinadas.

Muchos belgas tienen raíces italianas, especialmente en el sur (Valonia), y muchos más adoran Italia. De ahí que, pese al brote, entre el 22 y el 23 de febrero decenas de miles de belgas partieran a Italia para festejar el Carnaval. Y el Gobierno belga no abrió la boca.

Cuando esa gente regresó, principalmente por los dos mayores aeropuertos del país –el de Bruselas Sur (Charleroi) y el de Bruselas (Zaventem)–, no fue sometida a ningún chequeo. Sí lo fue cuando arribó a Italia, pero no cuando regresó a Bélgica. En ese entonces la ministra De Block manifestó que tomar la temperatura a la gente era inútil, y que cerrar la frontera no tenía sentido: «Un virus no se detiene en una frontera», dijo. Cuando el doctor Marc Wathelet trató de advertirle de los riesgos, De Block le llamó, en un tuit que posteriormente borró, «histérico».

Parece que la epidemia hizo eclosión en Bélgica, mayormente, de la mano de esos viajeros no chequeados.

A primeros de marzo, el Gobierno de la primera ministra Sophie Wilmès –del mismo Movimiento Reformador centro-izquierdista que su predecesor, Charles Michel– no veía problema en que los belgas asistieran a acontecimientos de masas, como el Salón Batibouw (una feria inmobiliaria), la Feria del Libro y, por supuesto, la manifestación por el Día de la Mujer del 8 de marzo. Para ese día, en Italia ya habían muerto 366 personas como consecuencia del virus.

Cuando Wilmès decidió finalmente ponerse en acción, por medio de unas directivas fechadas el 23 de marzo, lo hizo principalmente para proscribir cualquier iniciativa privada relacionada con las mascarillas y los medicamentos: el Gobierno se iba a hacer cargo.

Por desgracia, esos políticos profesionales y sus expertos no tenían la experiencia necesaria en el campo del comercio internacional. El primer cargamento de mascarillas solicitado por el Gobierno belga jamás llegó; las mascarillas del segundo cargamento eran muy eficaces… para hacer cafés, y cuando un emprendedor local tomó la iniciativa y encargó millones de mascarillas para que les fueran entregadas a las autoridades, fue demonizado –sin la menor justificación– como un «bandido». Pero, «hey, esto es una emergencia, ¡no tenemos tiempo para aportar pruebas!».

A principios de abril, dos meses después de que la pandemia se extendiera por Europa, en Bélgica aún no había mascarillas prácticamente, ni siquiera para los profesionales sanitarios que se exponen a diario al contagio, así que imagínense para el ciudadano del común.

Como no había máscaras, el Gobierno decidió anunciar que las máscaras no eran necesarias. La muestra suprema de la ineptitud gubernamental aún se puede ver en la web personal de la ministra de Sanidad: «Llevar máscaras para protegerse del coronavirus no tiene demasiado sentido».

Junto con las máscaras, el otro elemento imperativo para combatir al virus son los tests; hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha reconocido. Los tests son bastante sencillos de producir y el primer requisito para una respuesta eficiente ante cualquier pandemia. Los recursos sanitarios belgas son notables –hospitales, médicos, laboratorios públicos y privados, una enorme cantidad de compañías químicas privadas–, y el gasto público en sanidad belga es uno de los más elevados del mundo. Así las cosas, el Gobierno tenía la oportunidad de maquillar su ineptitud criminal con los tests.

Por desgracia, ocurrió todo lo contrario. Premió con el monopolio de facto sobre los tests al laboratorio de un tal Marc van Ranst, de la Universidad Católica de Lovaina. No hay razón concebible alguna para esa decisión, y las consecuencias fueron exactamente las mismas que con las mascarillas: la exclusión del sector privado y el racionamiento de los tests, de los que ha habido una cruel carestía desde el primer día.

La decisión es aún más sorprendente cuando uno se entera de que Van Ranst es no sólo médico sino un activista político. Declarado comunista e israelófobo, llegó a hablar un día del «Gazacausto», y se quedó tan a gusto con la palabreja. Este es el tipo al que se ha coronado Míster Test de toda Bélgica.

Cuando compañías privadas desarrollaron nuevos métodos de chequeo, el Gobierno belga publicó inmediatamente una nueva orden para proscribirlos, con el pretexto de que quizá no fueran 100% fiables.

Sin máscaras, rastreos y con apenas tests: esta viene siendo la situación en Bélgica en medio de la peor pandemia desde la gripe española de 1918. Es una situación dramática enteramente debida a las ominosas decisiones del Gobierno. Cuando Wilmès rompió el monopolio de facto que ella misma había creado, permitiendo tests de empresas privadas como GSK, ya era demasiado tarde.

Desafortunadamente, no acaba aquí esta triste historia de incompetencia criminal. Lo peor estaba aún por llegar. En vista de lo que sucedía en Italia y Alsacia (Francia), donde algunos hospitales se han visto temporalmente desbordados con los pacientes del coronavirus, el Gobierno belga tomó la que, en perspectiva, puede que sea la peor decisión adoptada desde 1945: los residentes en residencias de ancianos infectados tendrían que permanecer en las propias residencias. Así pues, no hubo hospitalización para esa pobre gente anciana.

Junto con la práctica total ausencia de máscaras y tests, esta directiva tuvo consecuencias cataclísmicas: muertes, muertes y más muertes. Bélgica habla ahora no de una sino de dos epidemias: la de la población en general y la de las residencias de ancianos. Trágicamente, prácticamente la mitad de las muertes por coronavirus en Bélgica han tenido lugar en asilos. Pese a los esfuerzos heroicos de sus trabajadores, los asilos belgas son de hecho trampas mortales. Para evitar contagios, a los moribundos que yacen en sus habitaciones no se les permite siquiera ver a sus familias una última vez; otra decisión del Gobierno belga que se ha proclamado, cancelado y vuelto a proclamar.

Sin máscaras, sin tests y con los asilos convertidos en trampas mortales: ahora entiende uno por qué Bélgica es el país del mundo con más muertes por coronavirus per cápita, con una cifra diez veces superior a la de Alemania [1].

La masacre belga es completamente debida a la trágica incompetencia de las elites gobernantes, y era completamente evitable.

NOTA:

[1] La inefable Maggie de Block ha anunciado que «recontará» las muertes en las residencias de ancianos porque algunos de los incluidos en las estadísticas sólo eran «sospechosos» de tener el coronavirus. Ahora bien, numerosos países, empezando por EEUU, han incluido los casos sospechosos en sus conteos.

(Gatestone Institute) Drieu Godefridi, escritor liberal, es el fundador del Instituto Hayek de Bruselas. Tiene un doctorado en Filosofía por la Sorbona de París y gestiona inversiones en varios países europeos.


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