Sociedad
Dolce & Gabbana cancela su desfile en China tras unos vídeos considerados racistas
La firma de moda italiana Dolce & Gabbana se vio obligada este miércoles a cancelar un desfile previsto en la ciudad de Shanghái tras la polémica suscitada por unos vídeos publicitarios que han sido considerados racistas.
La cancelación se produjo después de que varias modelos que iban a participar en el desfile se negasen a acudir al mismo, ofendidas por los presuntos comentarios del cofundador de la firma Stefano Gabbana y por la propia publicidad de la marca, según el diario chino China Daily.
Hace tres días, la firma publicó en su cuenta de la red social Weibo (similar a Twitter) unos vídeos para promocionar el desfile en los que aparece una mujer china intentando comer con dificultad comida italiana con palillos.
Muchos espectadores lo vieron como un retrato ofensivo del pueblo chino y los vídeos se eliminaron rápidamente de las cuentas, aunque ya habían generado miles de comentarios contrarios a los diseñadores así como un llamamiento al boicot de la marca.
La situación empeoró cuando salieron a la luz presuntos mensajes privados de Stefano Gabbana en los que hablaba con desprecio sobre el país asiático: «un país de mierda», «ignorante» y que «apesta a mafia».
A través de las redes sociales, el diseñador desmintió los mismos y aseguró que le habían robado la identidad de su cuenta.
«Nuestra cuenta de Instagram ha sido hackeada. También la de Stefano Gabbana. Nuestra oficina legal esta investigando urgentemente. Lamentamos cualquier molestia causada por estas publicaciones no autorizadas, comentarios y mensajes directos. No tenemos nada más que respeto por China y el pueblo chino», publicó la marca italiana.
Una de las personalidades que iba a asistir al evento es la actriz china Dilraba Dilmurat, embajadora de la marca quien, según China Daily, ha eliminado todas las publicaciones relacionadas con la firma, poniendo fin a su relación con ella y ha publicado un mensaje diciendo «Te amo, mi país más querido, China».
Por su parte, los usuarios chinos no acaban de creerse las explicaciones de la compañía italiana y las redes sociales continúan llenas de críticas.
«El diseñador puede que no haya pensado que el número de sus seguidores en China es más de dos veces que toda la población de su país», comentaba en Weibo un usuario llamado Mocha sobre uno de los temas más comentados del día.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
