Sociedad
¿Dónde están las feministas que no las veo acudiendo voluntarias a los hospitales para ayudar a las mujeres con coronavirus?
Gerard Bellalta*.- Ahora, nuestros guardias civiles mueren sin mascarillas.
Ahora, nuestros abuelos mueren escandalosamente en las residencias públicas y son inmediatamente incinerados.
Ahora, nuestras médicas, enfermeras, se enfrentan a la muerte, teniendo que improvisar batas de protección con bolsas de basura, no como las asquerosas feministas, que están confinadas en sus chalés, la mayoría viviendo del dinero público.
Ahora, nuestros hospitales no tienen camas libres y los profesionales se tienen que ver obligados a seleccionar pacientes.
¿Dónde están Carmen Calvo y los mil millones de euros que se concedió a las feministas en 2017 ¿Por qué no se ha destinado ese dinero a dotar de camas a los hospitales y de mascarillas a los españoles, lo que nos habría ahorrado muchas vidas?
¿Por qué no han pedido perdón por celebrar el 8M, pese a todas las recomendaciones en contra de los expertos sanitarios que no están a las órdenes de este infame Gobierno?
¿Dónde está la hedionda Irene Montero, que en cualquier nación decente ya habría sido cesada como ministra y encausada penalmente por manifiesta negligencia? Su soberbia y su prepotencia sectaria estaría más cerca de la psicopatía que del servicio público. ¿Comprenderá esta ‘infecta’ cajera de supermercado que la política está para mejorar la vida de las personas, no para mangonearlas, adoctrinarlas y hasta ponerlas en peligro? Perded toda esperanza, es demasiado arrogante y engreída para admitir un error. Ni siquiera ha pedido disculpas.
¿Dónde están esas periodistas feministas que animaban a salir a las calles ese día?
¿Dónde están ahora las feministas, que no las veo acudiendo voluntarias a los hospitales para ayudar a las mujeres con coronavirus, como sí lo están haciendo centenares de mujeres católicas en toda España?
¿Dónde están ahora las feministas que no las veo ayudando a las mujeres ancianas que viven solas, y que necesitan que alguien les lleve medicinas y alimentos, como están haciendo cientos de jóvenes católicas en toda España?
¿Dónde están las progres feministas que no las veo prestar ayuda alguna a las mujeres que viven en la calle, entre cartones, y que muchas de ellas, felizmente, han hallado cobijo y protección en parroquias, centros de Cáritas, edificios cofrades y conventos?
En las UCI de muchos hospitales están juntos hombres y mujeres, unidos ante un mismo enemigo, sin camas, sin mascarillas, sin batas médicas, si pruebas de test…
Dónde estáis vosotras, farsantes, embaucadoras, vividoras…
No he sabido de una sola feminista que haya puesto un solo euro para la adquisición de mascarillas. Ni una.
Malditas seáis.
*Empresario catalán
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
