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Opinión

Dos rubias muy tontas

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Veo una película americana en televisión. Las protagonistas, Denise Richards y Pamela Anderson, despliegan exuberancia, ignorancia y basteza a partes iguales.

Sólo un par de diálogos entre ellas para medir el nivel intelectual de los personajes:

  • Cuanto hace que vives aquí
  • 9 meses ¿y tú?
  • Yo no tanto, más de un año.

¡Mmm!

Otro:
– Iba para la universidad
– Y que pasó
– Conocí a los chicos.

Deprimente

Durante el metraje, pilotan un avión sin licencia hasta que lo estrellan, conducen un coche sin carnet y no pasa nada y en casa de una de ellas hay una tortuga protegida que no debería estar allí. Despropósitos, conductas delictivas, diálogos ridículos y falta de inteligencia, que dan mal ejemplo y confirman el tópico: las rubias son tontas. Media hora de proyección e iba a peor, no aguanté más y cambié de canal para olvidar.

Lo más llamativo es que la película “Dos rubias muy rubias” fue emitida en La Sexta, el canal de la izquierda más feminista radical de nuestra televisión. ¿Como pasó el filtro del gran hermano feminista que todo lo ve, todo lo corrige y todo lo censura si no es políticamente correcto? ¿Como la Secretaría de Igualdad o el instituto de la mujer no han convocado aún una manifestación de mujeres en contra de semejante bodrio? ¿Donde están las asociaciones que defienden la igualdad de los sexos expresando su indignación por tan denigrante espectáculo para la mujer? ¿Para cuando un escrache feminista en la entrada a los estudios de La Sexta?

Preguntas sin respuesta para un movimiento femenino decadente y erróneo que miente, más que reclama, en nombre de las mujeres pero en perjuicio de ellas mismas, manipulándolas descaradamente para conseguir sus fines.

A las asociaciones feministas radicales no les importa más que la pasta gansa que reciben en subvenciones estatales que pagamos todos y que no sirven para nada, salvo su propio beneficio; un pacto de estado que riega con millones de euros unos planes que no se evalúan en cuanto a su eficacia, y tampoco se auditan sus despilfarros. Las mujeres inteligentes, rubias o no, deberían organizar ya el #Not-MeToo

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España

Se les acaba la alfalfa en el pesebre. Por Jesús Salamanca Alonso

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.«Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE»

El pesebre sindical se va quedando sin alfalfa. Al sindicalismo en desuso, consagrado casta y de buen vivir se le acaban los haces de alfalfa como a los aviones de ciertos países, que se van quedando sin queroseno de reserva. Sea por improvisación de los Gobiernos, mala gestión de las políticas o simplemente la conflagración de una guerra inesperada, el caso es que quienes comían ya no comen, al igual que los que vivían del lujo, malgastando fondos de la Junta de Andalucía o del Fondo europeo ya no vive igual y comprueba como Anticorrupción, la UCO o Hacienda le tienden trampas. Algunas iguales a las que tienden a los contribuyentes, que ponerlas las ponen.

Hacienda, la UCO y la Fiscalía Anticorrupción lleven a cabo una investigación en profundidad sobre la opacidad del patrimonio sindical y, en algunos casos, el de los líderes que llevan años enclaustrados con tumbona, porrón, cacahuetes y naipes de ocio alargado. Algunas sanciones a esos sindicatos machistas, privilegiados y casta se han pagado con patrimonio sindical, cuando las sanciones han sido aplicadas por la mala gestión efectuada. No echen en saco roto cómo uno de esos sindicatos amamantado por el Erario Público pagaba a su gente viajes al Caribe con cargo de los fondos que recibía de la Junta de Andalucía. Investiguen, investiguen, verán como no es necesario que me retracte.

Durante muchos años han vivido de los presupuestos y del dinero público. Ahora parece que el grifo se queda sin agua o tiene fugas por otros sitios. Grifo sin agua y vaca sin leche ya se sabe. Han tirado tanto de la ubre que no da más de sí. Están obligados a pedir perdón a los trabajadores por usos y representación fraudulenta. En España, entre los trabajadores de 25 a 44 años, está afiliado a un sindicato el 18% de los empleados a tiempo completo. Parece que ese porcentaje desciende al 10% entre los trabajadores que trabajan parcial. Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE.

«Más allá de su función institucional (…), el grado en que los trabajadores deciden afiliarse a un sindicato refleja su nivel de identificación con estas organizaciones y la capacidad de éstas para atraer y retener nuevos miembros. En los últimos años, diversos estudios han señalado un proceso de debilitamiento de la afiliación sindical en muchas economías avanzadas, especialmente entre los trabajadores más jóvenes y aquellos con trayectorias laborales más inestables». Eso se debe a una transformación estructural del mercado de trabajo, el aumento de la temporalidad y una mayor rotación en el empleo, así como por los cambios habidos en las relaciones laborales.

El nivel de identificación en España con este tipo de organizaciones no supera el cuatro por ciento. Están obligados a cambiar su estructuración, su dedicación al afiliado o usuario y a un aumento de las exigencias para la mejora de sus servicios. El gran logro del siglo XXI se habrá alcanzado cuando aprendan a mantenerse con sus propios presupuestos para ganar independencia respecto al Estado. Ahora es ese momento: vivir de sus afiliados y mantener sedes y servicios de ellos, ajenos al Estado y a las empresas. «Han vivido del robo y la venta de los trabajadores y se han dado lujos de los que se privaban los trabajadores: mariscadas, vicios mayores, orgías a destiempo, etc.», dice E. San Román, afiliado hasta su desengaño.

Ahora empezarán las huelgas que llevan años sin hacer porque, estando lleno el buche, no dan ganas de algaradas ni de quema de contenedores. Les interesan más sus intereses y llenar sus bolsillos que las necesidades de los trabajadores. Movilizaciones las llaman, pero solo recurren a ellas si les tocan el bolsillo. ¡Vividores a trabajar! Castilla y León se han comprometido a quitar las subvenciones a los sindicatos y a enseñarlos a vivir de lo que generen. Ya lo hizo en la legislatura anterior, pero solo mientras VOX permaneció en el Gobierno. Si se ha hecho en casi todos los países, ¿por qué en España seguimos sin evolucionar, pringados en naftalina y con estructuras sindicales anquilosadas? A Alfonso Fernández Mañueco le hemos dado un plazo prudencial para cerrar el grifo de las subvenciones inútiles, que las hay, y muchas. Si no lo lleva a cabo tendrá que soportar movilizaciones de la ciudadanía que produce y si no, al tiempo.

Mientras este tipo de sindicatos no cambie y se modernice, solo merecen patatas cocidas (marraneras) y no tantas gambas. ¡Ya está bien de fiestas! Para el 1º de mayo ya está organizado el comité de seguimiento para comprobar cómo desciende el «montante gambeto» de España. Contabilicemos gambas y liberados.

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