Internacional
El alzhéimer ya causa estragos en Biden: responsabiliza a Trump por el frustrado atentado de un grupo anarquista contra la gobernadora de Michigan
La fiscal general del estado de Michigan, Dana Nessel, anunció en una conferencia de prensa el pasado jueves que miembros del FBI en colaboración con fuerzas policiales locales desbarataron un complot de un grupo anarquista que tenía como objetivo tomar la Casa de Gobierno y secuestrar a la gobernadora demócrata Gretchen Withmer.
Hasta el momento se han detenido a 13 personas, los cuales 7 de ellos forman parte de una milicia anarquista conocida como «The Wolverine Watchmen». Según documentos de la causa, difundidos por la cadena de noticias NBC News, el FBI se encontraba investigando a este grupo desde el mes de julio.
Increíblemente, la gobernadora no utilizó los pocos minutos que duró su conferencia de prensa para informar sobre el caso, sino para victimizarse y sacar rédito político del asunto. Al tomar el micrófono, Whitmer acusó al presidente Donald Trump de «falta de liderazgo» y lo responsabilizó directamente por el ataque frustrado, a pesar de que las fuerzas federales, que dependen de Trump, literalmente le salvaron la vida.
Whitmer empujó aún más su relato, afirmando que Trump alentó a un supuesto grupo supremacista blanco a que cometiera el atentado. «Cada vez que Trump habla, los grupos supremacistas blancos lo interpretan como un grito de guerra», afirmó.
El candidato presidencial demócrata, Joe Biden, también se pronunció sobre el asunto, siguiendo la misma línea que la Gobernadora, inculpando al Presidente y responsabilizándolo por el ataque.
Las palabras de Whitmer y Biden, en complicidad con los medios de comunicación hegemónicos que no los instaron a corregir sus dichos, representan afirmaciones totalmente falsas. Trump, en todo momento y en todo lugar, condena a grupos supremacistas blancos pero, de todos modos, el grupo terrorista que fue arrestado por el FBI no posee ninguna relación con el supremacismo blanco, sino con los ideales anarquistas de extrema izquierda vinculados a Antifa.
Así lo muestran los videos, subidos a la plataforma Youtube, del líder del grupo, Brandon Caserta. En sus vídeos, Caserta llama a Trump un «tirano» y asegura que todo miembro del Gobierno es «enemigo del pueblo». En el material subido también se puede visualizar de fondo una bandera con un símbolo anarquista.
Otros informes, provenientes de los documentos de la causa, aseguran que esta milicia anarquista también tenía como objetivo atacar comisarías y agentes de policía.
El presidente Trump no tardó en contestar, desmintiendo los dichos de la Gobernadora y asegurando que no tolerará ningún tipo de violencia de ningún grupo, al contrario de Whitmer y Biden, que aún no han condenado a distintos grupos terroristas de izquierda como Antifa.
Cabe destacar que la investigación que frustró el plan anarquista fue llevada a cabo por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y supervisada por el Ministro de Justicia del Presidente Trump, William Barr. Es decir, la administración Trump participó activamente y lideró esta investigación.
Trump tampoco dejó pasar la oportunidad para reprocharle a Whitmer su pésimo manejo de pandemia. Michigan fue uno de los pocos Estados en el país que se sometió a un confinamiento severo, que a su vez desembocó en una crisis política.
Las políticas de aislamiento obligatorio fueron desafiadas por la justicia, que aseguró que cualquier tipo de cuarentena era inconstitucional sin llamar al estado de sitio.
El conflicto con la justicia culminó hace unos días, con la Corte Suprema de Michigan fallando en contra de la gobernadora Whitmer, y obligando a la Gobernadora a levantar el confinamiento en el Estado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
