Salud
El coronavirus mata, de momento, a 12 ancianos de una residencia en Tomelloso

«Pedimos ayuda, nos sentimos abandonados». Esta petición, que suena más a ruego, es la que hace a las autoridades pertinentes José Manuel San Pedro, el director de la residencia de mayores Elder, en Tomelloso (Ciudad Real), donde hasta la fecha han fallecido doce ancianos a causa del coronavirus.
Este es el trágico balance que hace San Pedro de los estragos del virus COVID-19 a su paso por este centro, que da servicio a unos 170 residentes y empleo a unas 120 personas.
Los primeros casos comenzaron hace dos semanas, «cuando aún no había esta alarma», tras ser ingresados en el hospital de esta localidad ciudadrealeña de más de 35.000 habitantes, aquejados todos de fiebre y de problemas respiratorios, cinco residentes, de los cuales han fallecido cuatro.
Pero, según cuenta el director, el pasado sábado por la noche, «de manera intermitente y fulminante», murieron otros ocho ancianos, cuatro de ellos en el hospital y otros cuatro en la residencia.
Lo llamativo del asunto, destaca San Pedro, es que todos ellos, por lo que ha podido saber, han sido enterrados normalmente, sin tomar ninguna medida de seguridad y sin haberles realizado un test post mortem.
«En estos momentos tenemos a residentes que se encuentran bien, otros que tienen algún síntoma y a otros moribundos», subraya el director del centro, que desde la semana pasada está cerrado a cal y canto.
Es por ello que los familiares, muchos de ellos del mismo Tomelloso, pero también de pueblos de la comarca, como Alcázar de San Juan, Argamasilla de Alba o Socuéllamos, no paran de llamar nerviosos para saber el estado de sus mayores.
«Ayer por la tarde recibí unas 70 llamadas y este miércoles, después de salir en televisión, el teléfono no para de sonar», afirma San Pedro, quien sigue trabajando en estos momentos con fiebre y otros síntomas del coronavirus, al igual que otra veintena de trabajadores de la residencia, que están de baja en sus casas.
Salud
Qué puede cambiar en una familia cuando se trabaja desde dentro

Cuando una familia repite los mismos conflictos una y otra vez, no es porque no se quieran o no se esfuercen. Muchas veces, es porque no logran ver qué está pasando realmente. Las emociones se cruzan con los roles, las rutinas con las expectativas, y lo no dicho empieza a pesar más que lo que se habla. En esos casos, acudir a terapia familiar en Madrid puede marcar una diferencia real.
Especialmente cuando se hace en espacios profesionales como Sampai Salud, donde el acompañamiento es cercano, sin juicios, y enfocado en desbloquear dinámicas que ya no funcionan.
Qué es realmente la terapia familiar
A diferencia de otros enfoques, la terapia familiar no se centra solo en un miembro del grupo. Trabaja con el sistema completo: padres, hijos, parejas, incluso miembros que ya no viven en casa pero que siguen influyendo. Se exploran los vínculos, los patrones de comunicación, los silencios, los síntomas y las historias que se arrastran.
No se trata de buscar culpables, sino de entender por qué se repiten ciertos choques, qué emociones no encuentran lugar y qué necesidades no están siendo vistas. En muchos casos, un problema visible (como la rebeldía de un adolescente o la ansiedad de un niño) es la forma que tiene la familia de expresar algo que no se puede decir de otro modo.
Cómo trabaja un centro como Sampai Salud
El equipo profesional trabaja desde una mirada sistémica, que permite ver el problema como parte de una red más amplia. No se busca reparar lo roto, sino fortalecer lo que sí funciona, lo que ya está disponible.
Las sesiones pueden ser con todos los miembros o en formato individual, según la etapa del proceso. Se trabaja con la escucha activa, con preguntas que abren, con ejercicios sencillos que ayudan a tomar perspectiva. También se acompaña en momentos de transición: separaciones, mudanzas, duelos, llegada de un nuevo miembro, enfermedad o cambios escolares.
La intervención es respetuosa, sin forzar, y siempre adaptada a las particularidades de cada núcleo familiar.
Cuándo es útil buscar apoyo
Muchas familias esperan a que el conflicto escale. Pero también se puede acudir cuando hay tensión no resuelta, cuando la comunicación se ha vuelto cortante o cuando uno de los miembros empieza a mostrar señales de malestar sostenido: insomnio, irritabilidad, tristeza, aislamiento.
Otros motivos comunes para iniciar un proceso de terapia familiar en Madrid incluyen dificultades en la convivencia, rivalidad entre hermanos, límites difusos entre padres e hijos o diferencias educativas entre los progenitores.
No hace falta tener una crisis para pedir ayuda. A veces, lo que hace falta es un espacio neutral donde escucharse de otra forma.






