Opinión
El desempleo y los extranjeros. Cómo seguir hundiendo España
Nunca he entendido la política laboral del PSOE. Primero atrajo hacía España a millones de extranjeros, con la asistencia sanitaria gratuita, las becas de comedor en los colegios públicos, los dos mil quinientos euros por cada nacimiento, etc., y ahora sigo sin entender sus últimas medidas, encaminadas a ¿lograr? el retorno voluntario de los extranjeros a sus países de origen.
Estas ocurrencias zapateriles nos han costado y nos siguen costando muchos millones de euros. Desde el extranjero que se ha ido a su país –o a cualquier otro-, pero sigue cobrando el desempleo en España, permitiéndole que selle la cartilla del paro por Internet –en lugar de exigirle la presencia personal semanal en la Oficina de Empleo-, lo que hace que todo el dinero que le pagamos se gaste en otros países, hasta el pago del desempleo para que vuelvan a sus países, sin que dicho dinero se invierta en España, ni genere actividad económica alguna, contribuyendo además a la descapitalización del país, que bastante hundido está ya.
El Plan de Retorno Voluntario –Real Decreto-Ley 4/2008, de 19 de septiembre- permite acogerse al mismo a extranjeros de veinte países con los que España tiene un convenio bilateral en materia de Seguridad Social y consiste en el pago acumulado y anticipado de la totalidad de la prestación por desempleo, además de recibir ayudas complementarias para facilitar el viaje al país de origen. Una auténtica bicoca, vamos, sobre todo para los beneficiarios, que no para España.
Y con el agravante, además, de que dentro de tres años pueden volver a España, teniendo “derecho preferente para incorporarse al contingente anual de trabajadores extranjeros no comunitarios”. El abono de la prestación se realiza en dos plazos:
El 40% en España, una vez reconocido el derecho, y
El 60% en su país de origen, entre los 30 y 90 días naturales desde la fecha del primer pago de la prestación.
¿Qué efectos –perversos- produce en la economía española esta ocurrencia zapateril?:
Descapitalización del sistema, que no olvidemos es de reparto, al pagar de golpe las prestaciones, en lugar de a lo largo de dos años, como sucede con los parados “normales y corrientes”.
Salida de España del dinero, lo que hace que no se genere gasto alguno en nuestro país, ni aumento de la recaudación fiscal, por IRPF, IVA, etc.
Realmente, ¿Qué pecados hemos cometido para tener que soportar (des)gobiernos tan nefastos?
¿Podría España pagar una salida masiva de emigrante capitalizando todos ellos sus prestaciones por desempleo?
Creo urge modificar esta normativa y reconocer solamente el derecho a la prestación a los parados que residen –y por tanto consumen- en territorio nacional.
Abogado y escritor.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

Antonio
07/07/2019 at 13:21
Tiene usted mucha razón en lo que dice… Desde luego en el gobierno de España, sea del PSOE o sea del PP, NO CABE UN TONTO MÁS.
O, siendo mal pensados, UN TRAIDOR MÁS.
Antonio
08/03/2019 at 17:37
Tiene usted mucha razón en lo que dice… Desde luego en el gobierno de España, sea del PSOE o sea del PP, NO CABE UN TONTO MÁS.
O, siendo mal pensados, UN TRAIDOR MÁS.