Opinión
El Ejecutivo huele a chamusquina. Por Jesús Salamanca Alonso
Comprobamos que el INE ha puesto banderillas negras y dado la estocada a Pedro Sánchez tras confirmar que el crecimiento del tercer trimestre estará muy próximo a cero.
Estoy convencido de que con este Gobierno de fracasados miembros no nos auguran en Europa un futuro tranquilo a corto plazo, ni siquiera esperanzador. Desde Bruselas y desde la propia Comisión Europea deben de poner todos los medios para que Sánchez no llegue a la presidencia turnista de la Unión Europea: no es momento de hacer el ridículo, ni de que se gasten 140M de euros en pavonear y mentir. Las políticas de Sánchez son más propias de una leonera que de un Ejecutivo serio y comprometido.
Si a nuestro presidente ya le han tomado la matrícula, ¿a qué esperan para decirle que el turnismo debe ser alterado por necesidad y por las negativas perspectivas ante una guerra que parece no tener fin? Recuerdo a ustedes que Sánchez tiene dentro del Ejecutivo que preside al comunismo más barato, desastroso, rancio, incapaz, ineficaz, rastrero y de figureo que nadie podía imaginarse. Y si Pedro Sánchez ha reconocido que «los próximos meses no van a ser fáciles (…), pero nos estamos preparando para todas las eventualidades», entonces sí que me da miedo porque siempre sale a relucir cada cuestión al revés de como el Ejecutivo la proyecta. Por dinero baila el perro.
¿Recuerdan la insistencia del presidente de no pactar con sucesores de la banda terrorista asesina y con comunistas de Pedro Botero porque no podría conciliar el sueño? Pues ya lo ven: todo salió al revés de como él pretendía. Hay mentirosos que se parapetan tras la mentira y la utilizan como el comodín que rellena lagunas, imprevistos y meteduras de pata. El calificativo de mentiroso no es casual, ni ocasional y sí acertado y verdadero. ¿Será que Sánchez pretende quedarse para casta de grajos?
Si no era suficiente el incumplimiento de su Gobierno, ahora comprobamos que el INE le ha dado la estocada y puesto banderillas negras a Pedro Sánchez al confirmar que el crecimiento del tercer trimestre estará muy próximo a cero; la deuda pública ya es desorbitada y despilfarradora, incluso incapaz de frenar la inflación; esa misma deuda pública ya subió en agosto a máximos históricos, sobrepasando los 1,49 billones. A todo eso hay que añadir que los Bilduetarras, ERC y el PNV han dado el visto bueno a los presupuestos generales del Estado y ya hacen cola para cobrar el chantaje exprimiendo al Gobierno.
Pero no se asusten del todo porque hay cuestiones peores: «a ningún hogar español le va a faltar energía para calentarse, para iluminarse y para cocinar este invierno», ha dicho sin ruborizarse el mendaz felón. Echen la vista atrás y recuerden cuando dijo que nadie se quedaría descolgado. El caso es que ha destrozado el escudo social y tres cuartas partes se han quedado sin el IMV, por poner un ejemplo; ha aumentado el paro y ha ocultado datos; el despilfarro del Gobierno alcanza lo que no está escrito; ha destrozado a las clases bajas y camino lleva de hacer lo mismo con la clase media, incluso hace uso del populismo para mantenerse en Moncloa a toda costa. Este Gobierno no puede acabar de otra forma que no sea como la que se montó en San Quintín. Ya se sabe que a todo cerdo le llega su San Martín.
No sé si estamos ante un enfermo de odio y ante un revanchista o estamos ante un felón que vende a su madre por un plato de lentejas, a la vez que beneficia a su padre con 701.000 euros, abandonando al resto de autónomos y pymes. Bien es verdad que hay quien dice que tiene un poco de todo: tercio de falso, tercio de narcisista y tercio de acomplejado. Cualquier presidente ya hubiera dimitido por dignidad, pero éste carece de ella como carece de valores personales y democráticos, aunque adolece de postureo, actitudes chulescas y reacciones propias de un psicópata desnortado, egoísta y mentiroso compulsivo.
La dimisión del felón de Moncloa sería su mayor y mejor servicio a España. ¿No lo comprueba en la calle? ¿No observa que la ciudadanía le desprecia cada día más? ¿No ve su propia cobardía al pretender refugiarse tras la Corona, cuando le conviene? Pues no, parece que no lo ve.
Pedro Sánchez prefiere librarse del chaparrón, a la vez que no deja de llenar el monago, aunque siga oliendo a chamusquina.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
