Sucesos
«El Eurostat demuestra que el Gobierno y los medios subvencionados mintieron a la población española»… Y otras noticias sin censura, por Alvise Pérez
Las noticias de verdad:
1. El Eurostat demuestra que el Gobierno y los medios subvencionados mintieron a la población española: hay 180.000 parados más. Los datos ajustados de la EPA no manipulados así lo demuestran.
2. Segundo grado para los ex altos cargos de los ERE tras un mes de prisión: Con apenas unos meses encerrados, saldrán de prisión. Griñán ni siquiera ha entrado aún tras el informe forense que concluyó «la no conveniencia» del ingreso en prisión y consideró el cáncer que padece «poco compatible» con la «dinámica carcelaria».
3. El PSOE registra de urgencia y en solitario su reforma de la ley “Solo si es sí” ante la sangría masiva de votos; Podemos no romperá el gobierno pero afirma estar “muy enfadado” con Sánchez “por ceder a la ultraderecha”.
4. Se recomienda hacer acopio de gasóleo tras el inicio de los nuevos embargos: “el precio de llenar un depósito medio de 50 litros será de hasta 125 euros al final de esta semana”
5. Steegmann solicitó mantener la portavocía de la Comisión a cambio de “no liarla” en año electoral; El diputado de VOX apercibido por llamar “putinejos” y “aliados de Rusia” a los que no deseaban vacunarse, exigió mantener el estatus y extra económico de su portavocía pese a que el Vicesecretario de Presidencia, Enrique Cabanas, le solicitó dar un paso atrás.
6. El Supremo vuelve a tumbar a Hacienda: La prevalencia de la tasación de Hacienda en el pago de impuestos por la vivienda es “injusto” y exige que Hacienda justifique sus valoraciones.
7. Alvise Pérez exige al Juez no ganar el juicio contra Salvador Illa por prescripción: “No queremos que la mafia mediática titule que gano por los plazos. Exigimos que haya sentencia favorable porque triunfe la verdad”.
El Juzgado se retrasó “por error” en la traducción de dos páginas más de un año.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
