España
El exconsejero catalán Santi Vila declara que el referéndum ilegal del 1-O cree que lo financiaron «mecenas catalanistas»
El exconsejero de Empresa Santi Vila ha apuntado que el referéndum del 1-O fue financiado por mecenas catalanistas y empresarios que estaban dispuestos a sufragar estos gastos porque el expresident Carles Puigdemont le aseguró: «Estate tranquilo que no gastaremos ningún euro del erario público».
Vila, acusado de un delito de malversación y otro de desobediencia por el que la Fiscalía pide 7 años de prisión, se ha referido así en la sexta sesión del juicio del «procés» que se celebra en el Tribunal Supremo.
En su interrogatorio, el fiscal Fidel Cadena le ha preguntado sobre la presunta malversación para financiar el referéndum, a lo que el exconsejero ha respondido que «no tenía ni idea» de las supuestas partidas que la Fiscalía atribuye a los acusados.
«Pero mi impresión, por mi bagaje político, es que esto se había financiado por mecenazgos, mecenas catalanistas, empresarios comprometidos con la iniciativa y dispuestos a sufragar estos gastos», ha destacado el exconsejero, que se desmarco de la DUI al dimitir la víspera de la declaración unilateral de independencia.
Vila ha querido dejar claro que su opinión es especulativa pero que cuando se interesó por estas gestiones, Puigdemont le aseguró: «estate tranquilo que no gastaremos ni un euro del erario público».
Al respecto, ha afirmado que después de la suspensión de la ley de referéndum por el TC, «nunca se tomó un acuerdo por parte del Gobierno (de la Generalitat) que supusiera un gasto» de forma que se dio «cumplimiento al mandato judicial».
«No había ningún tipo de posibilidad» de dar luz verde a ningún gasto «a no ser que alguien eludiera su responsabilidad», ha señalado Vila, quien ha añadido que «sabía que nadie» de su Conseljería iba a tomar «una decisión que comportara gasto público», por lo que quedó «doblemente tranquilo».
Jordi Sànchez: «Cuando llegué a la Consejería había una muralla humana»

Jordi Sánchez.
Por su parte, el exlíder de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) Jordi Sànchez ha declarado ante el Tribunal Supremo que el 20 de septiembre de 2017, cuando llegó a la Consejería de Economía, «ya había una muralla humana» concentrada en protesta del registro que estaba efectuando la Guardia Civil.
Acusado de rebelión ante el Tribunal Supremo, por el que se enfrenta a una petición de 17 años de cárcel, Sànchez ha explicado que, poco después de las 8.00 de la mañana, cuando llegó al edificio ya había «algunos centenares de personas», entre ellas representantes públicos de Cataluña y sobre todo «muchos medios de comunicación».
«Cuando yo llegué había una muralla humana y no fui consciente de los vehículos de la comitiva judicial», ha dicho Sànchez en relación a los coches de la Guardia Civil que acabaron destrozados.
El acoso a la comitiva judicial el 20S es uno de los principales objetos de acusación que pesan contra Jordi Sànchez y también contra el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, ambos en prisión desde el 16 de octubre de 2017, casi un mes después de esa movilización.
Según Sànchez, al llegar había bastante gente concentrada ya, incluidos muchos medios de comunicación, en primera línea, puerta con puerta con la sede del departamento y en los vehículos oficiales para tomar imágenes.
También había «cargos públicos y diputados» en una convocatoria que le dio «una sensación» de «ambiente de absoluta normalidad».
Aún así, para «dar un poco de oxígeno» y espacio al edificio de la Consejería, animó a los presentes a situarse «unos metros más abajo», donde ya estaba cortada la circulación.
También intentó contactar con los responsables de seguridad ciudadana, «como hacen siempre» e intentó acceder a la sede, pero las Fuerzas de Seguridad se lo negaron al no tener «autorización».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
