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Opinión

El fracaso de la ministra Irene Montero y del rencor de género. Poe Francisco Rubiales

Redacción

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Las cifras demuestran que el rencor de género, el odio al macho y las leyes desquiciadas y desiguales que castigan al hombre para proteger a la mujer no sirven. A pesar de que el de Sánchez es el gobierno más beligerante contra el hombre de toda Europa, no logra controlar los asesinatos de mujeres por sus parejas.

Va a demostrase que el camino del odio al macho que patrocina el sanchismo no funciona y que la única manera de mejorar las estadísticas de crímenes en la pareja y de conseguir la igualdad entre hombres y mujeres es la contraria de la que Sánchez y sus feministas furibundas han emprendido.

Doris Lessing, premio Nobel de literatura y creadora del movimiento feminista moderno, ya advirtió que la única manera de ganar la batalla de la igualdad de la mujer era incorporando al hombre para la causa y generando empatía con el macho no odio y rencor.

La Historia demostrará que haber aprobado leyes que discriminan al hombre y benefician a la mujer, además de ser una ruta anticonstitucional que rompe la igualdad, es un error porque lo que consigue es enfrentar a los sexos y agudizar el despecho y la venganza ciega de algunos dementes que se sienten acosados por la ley, el poder político y el contubernio feminista radical.

La ideología de género, en su versión socialista progre, es un desastre.

La reacción del gobierno de Sánchez ante e incremento de asesinatos de mujeres por sus parejas ha sido aumentar la represión y el castigo del macho, un camino equivocado que ya ha demostrado que no sirve para atajar ese drama.

La crisis en el ministerio de Irene Montero tras constatarse que el mes de diciembre de 2022 ha sido el de más asesinatos de mujeres de los últimos siete años, está más que justificada. De hecho, ha provocado la convocatoria, por primera vez en su historia, del Comité de Crisis de Igualdad, con participantes de los ministerios de Igualdad, Interior y Justicia, además de la Fiscalía de Violencia sobre la Mujer y representantes de las comunidades autónomas donde se han producido los asesinatos.

Diciembre de 2022, con 11 mujeres víctimas de la violencia machista, es el peor diciembre de los últimos siete años. Pero además, Irene Montero sabe que es el tercer diciembre con mayor número de mujeres asesinadas de toda la serie histórica.

Diciembre de 2022 ha sido uno de los peores y más letales meses en la historia reciente de la violencia de género, y demuestra que el ministerio de Igualdad de Irene Montero no consigue frenar la terrorífica cifra de feminicidios que cada año sufren las mujeres en España. Las cifras totales del año tampoco son para mostrar mucha esperanza, cuando quedan pocas horas para cerrar 2022 el número total de víctimas mortales de la violencia de género alcanza la vergonzante cifra de 49 mujeres asesinadas, superando las 44 muertes machista de 2021 y las 46 de 2020.

De nada han servido las nuevas leyes, la marginación del hombre, condenado previamente como agresor, la exaltación del feminismo y la promoción del odio al varón. Han sido caminos equivocados porque han eliminado la empatía entre sexos, la colaboración y la promoción del amor. Estas feministas progres y socialistas solo saben odiar y reprimir al macho, una ruta que, además de injusta y anticonstitucional, promueve el delito desesperado y el rencor.

El «rencor de género» no es la solución del problema y a veces funciona como estímulo de algunos asesinos desesperados. No se trata de aumentar las penas o de formar a policías y jueces en la lucha contra el macho asesino, sino de apostar por el amor, la convivencia, la familia, la igualdad y la justicia.

 

Francisco Rubiales

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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